Cuando Juan Carlos Piancazzo se recibió de ingeniero lo primero que hizo fue poner un estudio de ingeniería junto a sus compañeros de facultad. El sueño de aquellos días era poder crear una empresa de montaje y electromecánica. Paralelamente, Piancazzo consiguió una matriz para inyectar plástco y comenzó a trabajar en la fabricación de accesorios para indumentaria, como botones o cierres. Con el tiempo, esa opción fue la que empezó a ganar prioridad hasta convertirse en su medio de vida.
Piancazzo, que hoy es presidente de la Cámara de Comercio de La Plata, dice que su elección tuvo que ver con una prioridad: la independencia.
“Me recibí de ingeniero en la Universidad Tecnológica Nacional en el año 1975 y por entonces la posibilidad de hacer carrera en la ingeniería estaba dada fundamentalmente en las grandes empresas de la zona y en relación de dependencia. Pero yo prefería ser independiente, tener mi propio negocio”, cuenta ahora.
Claro que la fábrica le permite aplicar muchos de los conocimientos que adquirió en la facultad, pero no en la escala que se hubiera imaginado en sus días de estudiante. o en los que le siguieron, cuando daba clase como ayudante en la Universidad Tecnológica Nacional regional La Plata, una actividad de la que más tarde se distanció.
Como otros que priorizaron la independencia al ejercicio de la profesión, Piancazzo no se arrepintió nunca, según relata.
Eso si, el ser independiente lo hizo experto en capear los temporales propios de cada momento de crisis económica en el país. Y lo acercó a una faceta de dirigente en la que hoy cree que quizás no hubiera incursionado de haberse convertido en el ingeniero de una gran empresa.
Después de la independencia la otra razón que es mencionada por quienes decidieron no ejercer su profesión está a aparición de un nuevo interés.
En estos últimos casos, y según los especialistas, detrás de ese nuevo interés aparece una insatisfacción con la carrera elegida, que explicaría la necesidad del cambio.
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