“Este año el empleo pleno de derechos descendió del 43 al 41,4% y eso se debió al fuerte incremento del subempleo inestable que comprende a las personas ocupadas en trabajos temporarios o changas de baja remuneración, y que subió del 15,6% al 18%, en un contexto donde también aumentó la desocupación del 9,4 al 9,9%. No estamos ante una explosión de la desocupación, sino ante un estancamiento que produce una degradación de los empleos existentes. Es el resultado de un modelo económico-productivo desequilibrado con efectos de exclusión y desigualdad a nivel socio-laboral. Por eso, aunque vengan inversiones, no habrá derrame hacia los sectores menos dinámicos si no hay políticas activas de desarrollo local-regional hacia el sector informal y las economías sociales”.
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