Creció en el barrio de 42 bis entre 120 y 121 y desde chico vio pasar por la calle de su casa, a tranco lento y elegante, a los pura sangre que los cuidadores vareaban todos los días. La postal infantil se le repitió tanto que apenas era un adolescente cuando comenzó a frecuentar los studs. Fabián Rivero -51- es hoy un reconocido jockey y maestro de aprendices en la Escuela de Capacitación del Hipódromo de La Plata. Ha ganado, según contabiliza, más de cinco mil carreras, incluidos tres Gran Premio Dardo Rocha y un Nacional del Hipódromo de Palermo. También, como el resto de la gente que vive del turf, se levanta al alba, no más allá de las 5.45, para iniciar la jornada laboral.
Como característica intrínseca de la profesión, Rivero es de contextura menuda. Pesa 54 kilos, pero su altura supera varios centímetros la media de los jinetes dedicados a la actividad hípica: 1,72 metro. El volumen corporal pequeño -indispensable para esta práctica- lo mantiene en base a una conducta férrea. “Llevo una vida muy sana, con una dieta abundante en frutas y verduras; no consumo alcohol ni fumo. Y acompaño la alimentación con una caminata de dos horas día por medio y el entrenamiento con los caballos lunes, miércoles y viernes”, sintetiza.
Para este jockey, es más importante de lo se cree la imagen que se brinda desde arriba del caballo. “Soy alto para la actividad, pero montando me hago chiquito, tengo un estilo particular y eso es parte de lo que les inculco a mis alumnos, que además de ser buena gente y humildes tengan una buena pose sobre el caballo”, resalta Rivero a la vez que destaca su afición por el turf: “con todos los riesgos que se corren, tantos que es el único deporte que cuando se practica viene detrás nuestro una ambulancia, esta es una actividad apasionante”.
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