En el marco de las cada vez más frecuentes presentaciones de superestrellas del cine al país para mostrar sus unipersonales, y tras el criticado paso por el Teatro Colón de Al Pacino, el astro francés Gérard Depardieu se presentó este fin de semana, con una función de sábado y otra ayer, en el Colón con un recital en el que recitó pasajes de algunos clásicos de las letras de su país, secundado al comienzo de cada esquicio por los pianistas David Fray y Emmanuel Christien.
El actor paseó por varios medios durante su estadía en Argentina y hasta dejó varias de sus siempre polémicas frases en la entrevista especial que realizó al TV Pública.
“Lo importante para un actor es tener cultura y eso se adquiere leyendo, no se logra al estar con el celular en la mano, o navegar por internet, un recurso para idiotas”, disparó, por ejemplo, Depardieu en su visita.
TEATRO DE LA PALABRA
El show se desarrolló con esa lógica: el protagonista de 180 filmes, quien también afirmó que la televisión de nuestro país era pornográfica pero ponderó el brillante presente del cine nacional (acaba de participar de un filme de Federico Cueva), comenzó sus shows en el Colón con un pasaje de “Ruy Blas”, de Victor Hugo, en el que un sirviente sustituye a su amo en una virtual corte española del siglo XVI y describe la situación caótica de la península para luego ganarse los favores de una reina que fue reacia a los embates de su señor.
El público amante de este intérprete de 68 años afectado por una profunda idolatría en par con su genialidad y de una biografía díscola y algo salvaje no dudó, como suele ocurrir en estas veladas, en aplaudir cada fragmento de la velada.
Cyrano y Chopin
Depardieu dedicó también segmentos a “Cyrano de Bergerac”, cuyo protagonismo en el filme de Jean-Paul Rappeneau, de 1990, muchos conocen, porque allí tuvo oportunidad de tocar la melancolía y la fatalidad que ya estaban en la letra de Edmond Rostand, y porque aún en estos tiempos alguna gente se conmueve con la desventura de los que no fueron premiados por la belleza.
Antes de cada aparición del divo hubo ejecuciones de tres “Nocturnos” de Frédéric Chopin en uno de los dos pianos y el espectáculo levantó evidente vuelo en su segunda parte, cuando democráticamente el actor se puso al frente de una orquesta -argentina- de cuerdas, percusión y vientos, para relatar los movimientos de “El carnaval de los animales”, de su coterráneo Camille Saint-Saëns, una pieza humorística y bella que levantó espontáneos aplausos para la contrabajista y la chelista.
En ese final, Depardieu leyó la traducción al francés del poema “Insomnio”, de Jorge Luis Borges.
Tras el intento de incluir algunas frases en castellano, Depardieu pareció soltarse y derramó una amplia simpatía: dijo “Yo no soy Al Pacino”, en referencia a su colega hollywoodense que estuvo en el mismo escenario, y se fue besando las manos de las intérpretes de la orquesta, al tiempo que hacía ramitos y les regalaba las flores que le habían regalado a él.
SUSCRIBITE a esta promo especial