Por
Irene Bianchi
VENECIA, de Jorge Accame. Elenco: Carmen Baistrocchi, Gladys Cadelli, Adrián Di Pietro, Fabián Martín, Nicolás Moll, Andrea Roma. Escenografía: Malen Gorgona Pampin. Fotografía y asistencia técnica: Gabriel Ade. Maquillaje y peinados: Fabián Martín. Diseño de arte y retoque digital: Walter Rodríguez Busilachi. Producción: Diagonales Producciones. Dirección: Paula Boero. Las Tablas, calle 40 entre 18 y 19.
¿Cuál es el mayor atractivo de “Venecia”, obra del dramaturgo, docente y escritor Jorge Accame? Los contrastes. Contrastes entre un mundo sórdido y decrépito, representado por un prostíbulo de mala muerte, emplazado entre los cerros jujeños, y el sueño de La Gringa, madama de ese tugurio, que no quiere morirse antes de reencontrarse con su amor de juventud, en la ciudad de los canales. El oro y el barro, el cielo y el infierno, la mugre y la pureza, la promiscuidad y el amor.
También se habla en “Venecia” de los vínculos, de la amistad, de la gratitud. Porque “las chicas” que trabajan ahí, a pesar de su ignorancia supina y de sus limitaciones, se esmeran en cumplirle el sueño a su patrona, porque las rescató de situaciones aún peores y más denigrantes de las que viven en el burdel.
La directora Paula Boero aprovechó los momentos de humor de esta comedia dramática, subrayando los rasgos grotescos de los personajes. “Rita” (Gladys Cadelli), “Graciela” (Andrea Roma), “Marta” (Fabián Martín), “el Chato” (Adrián Di Pietro): una galería de descastados, de marginales, que sobreviven como pueden en ese submundo jujeño. Carmen Baistrocchi es “la Gringa”, esa anciana ciega que recuerda sus años de gloria como bailaora española en el Politeama, donde conoció y flechó a “Don Giaccomo” (Nicolás Moll).
A falta de medios, este “seleccionado” se las ingenia para simular un disparatado viaje a Venecia en avión y un posterior paseo en góndola, sin imaginar que ellos también caerán bajo el sortilegio del pensamiento mágico. Porque el amor es más fuerte.
Sutil composición la de Carmen Baistrocchi, en un rol difícil, que oscila entre lo patético y lo sublime.
El público ríe y festeja, para luego dar espacio a la emoción. Misión cumplida.
Venecia realizó una temporada a sala llena en el flamante espacio teatral “Las Tablas”, y promete más funciones el año entrante.
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