La nueva comprobación reveladora de los escasos resultados obtenidos en los últimos ocho años para sanear al Riachuelo, tal como surge a través de un informe producido por las nuevas autoridades del ente a cargo de la limpieza de ese cauce, desnudó una vez más la ineficiencia con que se ha manejado el saneamiento de un curso de agua famoso por los altísimos niveles de contaminación orgánica e inorgánica que lo caracterizan.
Tal como se informó, fue la Corte Suprema nacional la que aludió a la flaca tarea desplegada por la Autoridad de Cuenca Matanza-Riachuelo, en el contexto de la audiencia convocada por el máximo tribunal para que se rindan cuentas sobre el fallo que ordenó al Estado nacional, bonaerense y porteño a que limpiaran la cuenca más contaminada de la Argentina.
El presidente del máximo tribunal tuvo que recordar en reiteradas oportunidades que el saneamiento del Riachuelo fue ordenado por un fallo judicial de 2008 y sostuvo que más allá de la buena voluntad de los funcionarios hay que cumplir con la manda judicial y que todo lo que se dice tiene carga de prueba.
El magistrado señaló que pasa el tiempo y sólo puede verse que la reconversión industrial reclamada sólo alcanzó al 30 por ciento, no quedando en claro cómo se cumplirá con la sentencia judicial. Se puso también de relieve que un tercio de los chicos analizados por contaminación con plomo en Dock Sud, en la Villa Inflamable, tienen problemas psicomotores; que se invirtieron 5200 millones de dólares en la cuenca, aunque sin precisiones sobre su destino; que apenas pudo concretarse un 10 por ciento de las soluciones habitacionales concretadas y que sólo el 20 por ciento de la sentencia fue cumplida, entre otras cifras de un diagnóstico sumamente negativo.
Lo cierto es que el hecho de que el Riachuelo haya sido calificado como uno de los ríos más contaminados del Planeta y una de las diez “amenazas tóxicas” más importantes del mundo, con “niveles de químicos muy por encima de lo recomendado” no resulta por cierto sorprendente, pero sí viene a corroborar que -pese a los múltiples anuncios de los últimos años y que se siguieron reiterando en la actualidad- han sido insignificantes o directamente nulos los avances experimentados en materia de saneamiento.
Se ha evaluado en estos años la presencia en la Cuenca de unas 15.000 industrias que vuelcan sus efluentes en el río, considerándose que un tercio de la contaminación detectada en ese curso se debe a los vertidos químicos. Un estudio internacional determina también que el suelo en las costas del Riachuelo registra niveles muy altos de zinc, cobre, níquel y otros elementos. Asimismo, se ha comprobado que casi la tercera parte de las 20.000 personas que viven junto al río lo hacen en condiciones inaceptables.
Habría que decir, lamentablemente, que la limpieza del Riachuelo quedó hasta ahora confinada en el reino de las buenas intenciones, mientras lo que se ha ido advirtiendo es un constante empeoramiento de sus niveles ambientales. Si no existe una firme decisión política por parte de los municipios involucrados, de la Provincia, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y de la Nación, sería ilusorio pretender que se adviertan mejorías.Es sabido que la cuestión involucra aspectos fundamentales del saneamiento ambiental y de salud pública. Los notables logros alcanzados en algunos cursos de agua -como ocurrió con el Támesis en Londres- pueden ser válidos como modelos a seguir.
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