“Creemos que la reducción de materia gris se debe a un proceso similar a la poda sináptica que tiene lugar durante la adolescencia, donde se eliminan las sinapsis (conexiones neuronales) débiles para favorecer un procesamiento mental más maduro y eficiente”, señaló Susanna Carmona, una de las directoras de la investigación.
El estudio tuvo en cuenta también las variaciones tanto en mujeres que habían seguido tratamientos de fertilidad como en las que habían quedado embarazadas de forma natural, y las reducciones observadas en la sustancia gris eran prácticamente idénticas para los dos grupos.
No obstante, los científicos no encontraron que el embarazo provoque ningún cambio ni en la memoria ni en otras funciones intelectuales en las mujeres estudiadas y, por tanto, creen que la pérdida de sustancia gris no implica ningún déficit cognitivo, sino todo lo contrario.
“Los resultados apuntan a que esta plasticidad cerebral inherente al embarazo tiene un fin evolutivo destinado a que la madre infiera eficientemente las necesidades de su bebé, se trataría de una reestructuración del cerebro con fines adaptativos”, indicaron las investigadoras Erika Barba-Müller y Elseline Hoekzema.
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