Por
Ezequiel FernAndez Moores
Duisburg Stadium de Oberhausen. El dueño de casa recibe a Ruhr 214. La Effektivaterien Ballönem Helveticen toma el partido como prueba piloto de un nuevo sistema de “referato a distancia”. A cien metros, una torre tubular de 75 metros de altura está sobre una maraña de cables, sensores electrónicos, filamentos inalámbricos y terminales computadorizadas unidas al estadio. En la nave central hay 127 pantallas de TV frente a un árbitro y dos jueces de línea. El árbitro disfruta su cerveza favorita. Mil ojos electrónicos le avisan la infracción para que él oprima un botón y el silbato suene estruendoso a cien metros, en pleno partido. Si el equipo infractor protesta, aprieta otro botón. Se abren inmensas pantallas electrónicas en ambas cabeceras que demuestran que tiene razón. Lo escribió hace muchos años Roberto Fontanarrosa, un especialista en relatos delirantes.
“El Negro”, igualmente, jamás se habría imaginado que el fútbol, después de haberse tomado tantos años para estudiar el tema, iba a hacer debutar tan mal al sistema de video asistencia para el árbitro (VAR). Es cierto que solemos resistir a los cambios. Y es cierto también que el fútbol, seguro de su popularidad, siempre creyó que no tenía por qué cambiar reglas como el resto de los deportes que, muchas veces, se doblegaban dóciles ante las exigencias de la TV. Esa resistencia casi romántica a tanta modernidad terminó aceptando sin embargo fallos tan ridículos como sospechosos, más aún cuando aparecieron las apuestas. Por eso, hay algo más que interesante en la decisión de la FIFA de comenzar a recurrir al video para zanjar jugadas dudosas. El problema, entonces, no es el “qué”, sino el “cómo”.
“El debut de la tecnología –me dice Horacio Elizondo en tono crítico- dejó a un equipo afuera”. El flamante responsable de la Dirección Nacional de Arbitraje de la AFA se refiere al Atlético Nacional de Medellín, eliminado por Kashima Antlers el miércoles pasado en semifinales del Mundial de Clubes. Repasemos la acción que marcó un antes y un después en la historia del fútbol. A los 27’, sólo después que la pelota se fue afuera, el asistente holandés Danny Makkelie pidió al árbitro húngaro Viktor Kassai que se acercara a su posición a un costado del campo para ver juntos el video de la última jugada. Kassai coincidió con Makkelie y marcó un penal que nadie había reclamado (la falta infantil de Orlando Berríos a Daigo Nishi había ocurrido lejos de donde estaba la pelota) , pero que era claro y que terminó siendo clave. Kashima se puso 1-0, Nacional, que hasta ese momento había sido claramente superior, perdió la calma y, en los minutos finales, terminó cayendo 3-0 y quedando fuera del sueño de ganarle la final a Real Madrid. El sistema VAR volvió a provocar polémicas al día siguiente, 2-0 de Real Madrid ante América de México. En la final del domingo, el bochorno lo provocó el juez gambiano que se asustó y no quiso expulsar a Sergio Ramos, capitán de Real Madrid. En la final, el problema del videoarbitraje no fue el video. Fue el árbitro.
“La tecnología es la mejor herramienta que podemos tener, pero ojo cómo la vamos a usar. Hay que tener mucho cuidado. Es la primera experiencia, pero hoy, por el mal uso, no por la tecnología misma, quedó afuera un equipo”. Elizondo me respondió así en una entrevista radial apenas horas después de la polémica con Nacional. Polémica porque, en la misma jugada de la falta tonta de Berríos, el jugador japonés que había sido víctima de la infracción, estaba en offside (aunque la nueva regla lo califica de offside pasivo porque Nishi no había intervenido aún en la jugada). “Estás viendo si hay penal o no y, al mismo tiempo, estás obviando el offside. Sabés que estás siendo injusto”. Elizondo no lo dijo, pero Kassai, si sancionó penal, acaso debería haber expulsado también a Berríos por esa zancadilla sin pelota. A Elizondo tampoco le gusta que el uso del video sea por iniciativa del asistente que está afuera y no del propio árbitro. Y que haya que esperar a que se corte el juego para evaluar la jugada polémica. Es un riesgo. ¿Y si Nacional hubiese hecho un gol en el contragolpe siguiente? Lo anulaban, me dice Elizondo. “Hoy –gritó en esas horas por la TV Horacio Pagani- han matado al fútbol”. “¿Por qué tanta aceleración para el video ref si no cambiaste primero las reglas de juego?”. Lo dice Elizondo que, riendo, me añade que no se imagina a Kassai revisando esa jugada en la Bombonera. El “cimbronazo”, cree Elizondo, obligará a la FIFA “a modificar” cosas. A mejorar el uso del video, no a eliminarlo.
¿No reclamábamos todos más trasparencia al fútbol? ¿Acaso se quiere olvidar lo que pasó, por ejemplo, en el Mundial 2002, cuando España fue eliminada por Corea del Sur después de que le anularon mal dos goles? ¿Y los horrores del ecuatoriano Byron Moreno en el partido siguiente que los coreanos le ganaron a Italia? Lo recordó Massimo Busacca, exárbitro suizo, hoy en la FIFA. Y tiene razón. Gianni Infantino, presidente de la FIFA, avisó que quiere este sistema para el Mundial de Rusia. La FIFA quiere “mínima interferencia, máximo beneficio”. Y acalra que el VAR se usará para penales, tarjetas rojas directas (no segunda amarilla), identidad equivocada (cuando se castiga al jugador incorrecto), incidentes graves o una falta que no haya tenido sanción disciplinaria. Y que sólo tendrá lugar si la revisión muestra un error claro.
Por supuesto que hay árbitros corruptos, como pudo haberlo sido el ecuatorino Moreno. Pero la mayoría se equivoca de buena fe. Hay que ver Sully, la nueva película de Clint Eastwood. Es el comandante que decidió el histórico amerizaje de su avión en el río Hudson porque a poco de partir se rompieron los dos motores y ya no había tiempo ni chance para volver al aeropuerto. Lo juzgan al día siguiente, y de modo crítico, a partir de computadoras y ensayos de laboratorio. “Me sorprende que ninguno de los análisis –se defiente Sully- haya tomado en cuenta el factor humano”. Los árbitros, igual que Sully, tienen que decidir en segundos. Si Sully tenía en sus manos las vidas de todos sus tripulantes, los árbitros, a diferencia del cuento inicial de Fontanarrosa, no deciden mientras beben su cerveza favorita. Deciden frente a miles de hinchas que, a veces, amenazan con matarlo.
La prensa europea criticó el debut poco afortunado del video ref. “Al menos –dijeron algunos medios, como consuelo- sucedió en un torneo menor y no en una final de la Champions”. Me pregunto qué hubiese sucedido entre nosotros si el perjudicado, en lugar de Nacional de Medellín, hubiese sido Boca o River. Hubiésemos hecho un escándalo nacional. Denunciábamos conspiración europea. No hubiese faltado el medio que hubiese dado la dirección personal del árbitro Kassai. Este Nacional, a diferencia del que en 1989 llegó al Mundial de Clubes de la mano del capo narco Pablo Escobar, se ha revelado como un modelo de comportamiento tras la tragedia de Chapecoense. No armó escándalo. Pero habría que avisarle a Europa que, en estas latitudes, el Mundial de Clubes, la posibilidad de llegar a la final de Japón, es un sueño de millones en esta parte de la tierra. Y que no merece ser arruinado por el mal uso del video.
“¿Por qué tanta aceleración para el video ref si no cambiaste primero las reglas de juego?”. Lo dice Elizondo que, riendo, me añade que no se imagina a Kassai revisando esa jugada en la Bombonera. El “cimbronazo”, cree Elizondo, obligará a la FIFA “a modificar” cosas. A mejorar el uso del video, no a eliminarlo
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