El fallecimiento de Martha Adela Monsó provocó muestras de profundo pesar en diferentes ámbitos de la Región. Forjó una carrera docente que tuvo como corolario cargos jerárquicos en la cartera educativa bonaerense.
Había nacido el 23 de septiembre de 1933 en nuestra ciudad. Se crió junto a su hermano menor Román Aníbal, en un hogar que tuvieron como referencia a su sus padres Román Monsó y Adela Ferrero.
Vivió en uno de los barrios céntricos de la Ciudad, donde sus padres tuvieron un local vinculado a la proveeduría familiar.
Realizó los estudios primarios y secundarios en la Escuela Normal 2, donde obtuvo el título de maestra.
Ejerció la docencia en diferentes establecimientos educativos de la Región, de City Bell y Ensenada, entre otros.
En la vecina ciudad integró la Unión de Docentes Jubilados de esa ciudad.
En la dirección de Educación ocupó el cargo de inspectora jefa, que le dio su sello y entrega personal para marcar un estilo en ese espacio.
Fue una dama en su accionar dentro y fuera de su carrera docente, destacaron sus colegas. Fue muy conocida por su labor en el Equipo de Psicología de la Escuela Nº 4, y luego en su función como Inspectora de esa rama.
Quienes la conocieron destacaron su legado de amor y servicio, que se materializó en diferentes emprendimientos solidarios. Uno de los más destacados tuvo lugar en la provincia del Chaco, donde integró a numerosos chicos a su mundo, dándole tiempo y herramientas de superación para que puedan iniciar diferentes proyectos productivos.
Fue madre sin serlo, ya que tuvo un marcado amor maternal con sus numerosos sobrinos. También fue madrina y abuela postiza de nietos de sus amigas.
Además, fue colaboradora de la Asociación civil de padrinos de alumnos y escuelas rurales, del hospital de Niños y de otras instituciones de bien público.
Se casó con Victorino Gómez. En sus últimos años eligió City Bell como su lugar en el mundo, donde disfrutó del barrio y se sobrepuso a años de soledad entre libros, el teatro y la música.
Le gustaba mucho viajar, momento que disfrutaba con mucha intensidad, desde la elección del destino, hasta el armado del itinerario y el viaje mismo.
Fue socia y jinete del club Hípico de City Bell, actividad que fue una de su pasiones para pasar el tiempo libre.
En diferentes ámbitos dejó su huella por su perseverancia, inteligencia y modalidad de llevar a cabo cada iniciativa que se propuso en el ámbito educativo.
De excelente humor, siempre fue una excelente interlocutora en diferentes ámbitos, con amigas, familiares, colegas y allegados.
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