En un ambiente distendido y de camaradería, un diputado del PRO expresó su pensamiento sobre la educación universitaria sin pelos en la lengua. A su criterio, los estudiantes cuyas familias tienen un buen poder adquisitivo deben pagar por el acceso incluso en las universidades públicas, para ayudar a financiar sus estructuras docentes y edilicias. El legislador habló fuera de micrófono y difícilmente se animara a repetirlo en público, sobre todo en medio de la polémica por los recortes en el CONICET. Pero no dejó por ello de polemizar con los interlocutores que rechazaron su idea.
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