Si bien la bulimia y la anorexia preocupan todo el año, nadie duda de que es el verano la época donde estos trastornos alimentarios pegan una escalada que asusta. Según estimaciones propias de quienes trabajan sobre la problemática, con la llegada de los primeros calores las consultas por estos males crecen hasta un 20 por ciento.
“La bulimia y anorexia aumentó notablemente en los últimos años -dice la psicóloga Diana Guelar, experta en trastornos de la alimentación-. Cada cinco chicas, una tiene problemas en la visión de su cuerpo”. Según ella, esta “’enfermedad de la imagen’ aumenta entre septiembre y marzo y la relación entre mujeres y hombres que la padecen es 20 a 1”, aunque muchos ya detectan una escalada de casos también entre los varones.
“Los valores culturales y estéticos de la sociedad occidental, donde estar delgado se asocia con tener éxito en la vida, están haciendo aumentar el índice de incidencia de estos trastornos entre jóvenes de nuestro país”
Para el nutricionista platense Norberto Russo, que ya estudiando estos trastornos hace años, “los valores culturales y estéticos de la sociedad occidental, donde estar delgado se asocia con tener éxito en la vida, están haciendo aumentar vertiginosamente el índice de incidencia de estos trastornos entre jóvenes de nuestro país”.
En sintonía con esta mirada, desde la Asociación de lucha contra la bulimia y la anorexia (Aluba) aseguran que durante el verano crecen hasta un 20% las consultas por casos de este tipo, y fundamentan esto en que las vacaciones disparan la preocupación por la figura, lo que hace que muchas personas se vuelquen en forma intensiva -y sin tomar los recaudos necesarios- al gimnasio o a las dietas que prometen hacer bajar unos cuantos kilos en pocos días. “Cuando la salud y la vida están en juego, es el momento de preguntarse si obsesionarse con estar flaca tiene sentido”, comenta la doctora Mabel Bello, asesora médica de Aluba y quien apunta además que estos trastornos alimentarios aparecen a edades cada vez más tempranas y, si bien el público femenino sigue siendo mayoría, afectan tanto a hombres como mujeres.
Lo de la época del año no es menor. Tampoco lo de las diferentes modas que confirman una tendencia entre los adolescentes cada vez más peligrosa. Bikini bridge (el hueco que forma la bikini apoyada en los huesos de la cadera), thigh gap (separación de muslos internos al estar de pie con las dos rodillas juntas), A4 challenger (sacarse una selfie demostrando que tu cintura no mide más que el ancho de la hoja puesta de manera vertical), ab crack (o diástasis abdominal, convertir la musculatura abdominal en dos porciones separadas por una hendidura continua) son sólo algunas de las nuevas modas que circulan entre las adolescentes para demostrar que están cada vez más flacas.
“El problema es grave y de todo el año -advierten en Aluba-, pero no se puede pasar por alto el efecto estacional, acaso más intenso en el sexo femenino y en las adolescentes. El problema genera que las familias se acerquen a las instituciones médicas para realizar consultas sobre patologías alimentarias de modo cada vez más frecuente. Quizá no lo hacen al principio, cuando escuchan a sus hijos hablar de dietas y de cuidarse con la comida. Pero luego empiezan a notar ciertos aspectos patológicos y se preocupan”.
Sobre esto, los especialistas hacen hincapié en que el cambio de temperatura es un estímulo y puede por lo tanto “precipitar el hecho de que alguien comience una dieta excesiva restringiendo notablemente las ingestas y muchas veces entrando en un estado de desnutrición con tal de conseguir un adelgazamiento repentino”. Si bien no hay estadísticas oficiales en el país sobre qué porcentaje de la población padece estas problemáticas, se calcula que en el mundo hay alrededor de 70 millones de personas que sufren de patologías alimentarias, y que en las mujeres se da en un 85 por ciento. Las conductas patológicas de quienes la padecen, se asegura, no permiten percibir con facilidad una señal de alerta que indique una posible enfermedad. El comer a escondidas, por caso, impide detectar un acto de voracidad, así como el atracón o el abuso de laxantes, diuréticos o anorexígenos. “Debemos entonces convertirnos en agudos observadores -dice Bello- prestar atención a mínimos detalles que pueden ser reveladores; aprender a detectar la bulimia y no olvidar que la detección temprana facilita la recuperación”.
En opinión de a fundadora de Aluba, el culto al cuerpo “tiene como objetivo mostrarse deseable. Pero estas personas no se dan cuenta que al igual que le sucedió a Narciso, esta admiración viene acompañada de un espejo de agua donde el propio reflejo puede llevarte a la muerte”.
Los expertos coinciden en que los trastornos alimenticios se pueden tratar exitosamente y se puede restablecer un peso saludable siguiendo una rutina de alimentación responsable, y señalan al respecto la importancia de que cuanto más pronto se trate es más probable que haya mejores resultados.
Bello remarca que “uno de los conceptos fundamentales que hay que tener claros para entender este tipo de trastornos, es que se trata de una enfermedad y no de una simple manía o capricho de quienes la padecen. El gran error que se comete es creer que las personas caen en esta enfermedad por gusto; el punto entonces es entender que el tema pasa por cómo las personas van manejando las distintas experiencias de la vida”.
“El problema es grave y de todo el año, pero no se puede pasar por alto el efecto estacional, acaso más intenso en el sexo femenino y en las adolescentes”
En este sentido, la especialista asegura que “con prohibiciones o retos no se cura; requiere de un tratamiento integral que consta de nutricionista, psicólogo o psiquiatra y equipo médico, para que pueda existir un buen diagnóstico”.
Bello precisa que, muchas veces, los pacientes niegan que tengan un trastorno en este sentido, “argumentando que no pueden comer porque se atragantan con la comida y tienen miedo de ahogarse, o dicen que comen bien, que les encanta comer, a pesar de que tienen poco peso. En las bulimias también les cuesta mucho aceptar los síntomas y cuando uno les da el diagnóstico algunas veces lo reconocen y otras veces, simplemente, lo niegan”.
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