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Diciembre exige balances y resúmenes. Cada uno lo hace, desde su lado y como mejor le convenga. El gobierno cierra sus cuentas ajustándose a las calificaciones de un boletín propio y tranquilizador que no pone aplazos sino plazos. Mientras, desde la otra orilla, los que esperan ansiosos su turno, diagnostican futuros penosos para una gestión que en estos días ha entonado más milongas que villancicos. En medio de tanto tironeo, el nuevo amor de Scioli aportó un poco de romanticismo a una actualidad tan revoltosa y prosaica. Daniel salió a la calle a rejuvenecer su propio cupo con una cordobesa que en sí misma ya es todo un plan y que le habrá dado nuevos bríos a un Scioli que venía zamarreado por una señora, menos vistosa y más vista, que le dibujaba su trayectoria y le empeoraba su autoestima.
Gisela Berger vino a apaciguar el ánimo de un candidato que ya está listo para otro intento. La nueva administradora de La Ñata se encargara de renovarle el entusiasmo a un ñato que no estaba preparado para el ballotage y que esta semana fue obligado a repasar sus amoríos, reales o presuntos, de ayer, de hoy y de siempre.
Dicen los entendidos que en la fase de enamoramiento, hombres y mujeres experimentan una activación de las zonas de recompensa emocional y motivación. Los curiosos quieren saber hasta dónde la cordobesa despampanante fue un consuelo post escrutinio o, por el contrario, siempre estuvo en la campaña, recompensando a su novio cuando las encuestas o los mensajes de Olivos sólo traían desaires. Ella, en esos días, era una verdad oculta que en plenos preparativos le habrá ofrendado calma al espíritu y disfrute al resto y que supo ocultarse para no complicar la marcha de una pareja oficial que la noche fatal, cuando terminaron de contar el último voto, se esfumó como Cenicienta, sin zapatos ni futuro.
Scioli en una entrevista con la revista Gente aclaró que el vínculo se inició luego de finalizar su matrimonio con Karina Rabolini. “El año pasado fue el más exigente de mi vida. Después del ballotage, elegimos estar cada uno por su lado”, explicó. Poner al ballotage como telón final avisa hasta dónde las mieles del poder mantenían a una pareja que estaba unida más por las expectativas que por el amor. Scioli desmintió las versiones que indicaban que con Rabolini estaban separados desde hace mucho. ¿Fue todo por culpa del ballotage? Hay amores que se fijan metas raras. Político al fin, Scioli pone a sus amores y señoras a tiro de plebiscito. Y deja que el voto le elija todo.
La relación entre Daniel y Gesela se conoció luego de la aparición de un video en Punta Cana. La blanquearon como algo nuevo, aunque la revista Noticias descubrió que había tres vuelos anteriores que le daban a ese amor viejas alas: “El martes 15 de septiembre del 2015, Scioli viajó a la estancia La Estrella en un avión privado y con Gisela Berger; un mes antes, el 18 de agosto, había estado en el mismo lugar y con la misma acompañante; y el 21 de julio de 2015, viajaron juntos a La Habana.
Scioli salió a la calle a rejuvenecer su propio cupo con una cordobesa que en sí misma ya es todo un plan
“Después del ballotage, con Karina elegimos estar cada uno por su lado”. Político al fin, Scioli pone a sus amores y señoras a tiro de plebiscito
Lo que esos viajes delatan es que detrás de una Karina para la tribuna ya estaba Gisela acomodando el corazón agitado de un candidato que necesitaba elevarse con una señorita nueva para poder usar otras palabras en lugar de sus gastados discursos. El flamante novio de las alturas había desalojado a un marido con mandato cumplido.
Y Gisela también habló. Cuando en Desayuno Americano el periodista le consultó si la explosión mediática había afectado en algo a la pareja, ella lanzó una frase enigmática: “En realidad, las cosas no dependen del afuera siempre”. Y al final le preguntaron: “¿Estabas con él desde antes que rompiera con Karina? ¿Fuiste la tercera en discordia? “De eso no tengo que hablar”, sostuvo. ¿Por qué “no tengo”? Y como para que no queden dudas, cerró: “Yo sé que no tenía nada cuando Daniel estaba en pareja”. ¿Quiere decir que ahora lo tiene todo? Scioli debe dudar: ¿Fue Gisela o el ballotage el que le procuró un desenlace y un recomienzo a su vida?
Al final, como corresponde a la fecha, entre tantas discusiones y refriegas, llegaron palabras del Vaticano. Y los argentinos, como viene ocurriendo, sintieron que los aludía. En pleno debate por ganancias, el Papa denunció que existen “resistencias ocultas y malvadas, que nacen de corazones asustados y endurecidos, que se alimentan de las palabras vacías del ‘gatopardismo’ espiritual de quien dice que quiere cambiar las cosas, pero después quiere que todo quede como antes”. Y unos y otros, en todas las bancas, intentaron poner la alegoría del Pontífice a la altura de cada pesebre partidario. Pero, con las fotos de Gisela a la vista, el cambio de Scioli ¿no será parte del paquete de ganancias?
(*) Periodista y crítico de cine
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