En una publicación del New York Times, Lailson Camelo da Silva, el capataz de un rancho ganadero en los confines de la Amazonia brasileña, relató cómo se convirtió en el descubridor del Stonehenge de la Amazonia.
En la década de 1990, el hombre se topó con una extraña estructura de torres hechas con bloques de granito cuando desforestaba la selva, aunque no fue su primer encuentro con esa construcción. Ya en los sesenta la había visto, pero después intentó evitar la zona, que está ubicada cerca de un arroyo llamado Rego Grande.
Los arqueólogos comenzaron a excavar allí en el 2005, y luego de pruebas de carbono 14 y mediciones durante el solsticio de invierno, se determinó que el descubrimiento es un observatorio astronómico creado por una cultura indígena cinco años antes de que comenzara la conquista europea en el continente, es decir, hace aproximadamente 1000 años. Esto da cuenta de que esos pueblos pudieron tener un conocimiento científico más sofisticado del que se cree.
Una arqueóloga de la Universidad Federal de Minas Gerais, Mariana Cabral, aseguró:“Estamos comenzando a formar el rompecabezas de la historia humana en la cuenca del Amazonas, y lo que estamos encontrando en Amapá es absolutamente fascinante”.
Además de las piedras solares, se encontraron urnas funerarias de cerámica, que sugieren que al menos parte del sitio de Rego Grande podría haber sido un cementerio.
Los lugareños ya llaman Stonehenge Amazónico a Rego Grande y da Silva protege su descubrimiento mientras se avanza en la investigación para develar los secretos que esconde.
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