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Un giro en pos de la reactivación económica

Macri y Prat-Gay, ayer en Villa La Angostura

Por Redacción

La precipitada salida del Gobierno de Alfonso Prat-Gay, ¿anuncia un cambio en la política económica? En principio, no. Esa es la respuesta que encuentra mayor consenso, después de un relevo que sorprendió en medio de la resaca navideña.

La salida del ministro de Hacienda tendría más que ver con un reacomodamiento del esquema de poder que intenta consolidar el presidente Mauricio Macri que con un viraje en el manejo de la economía.

Prat-Gay nunca fue un hombre del macrismo puro. Fue presidente del Banco Central durante la gestión de Eduardo Duhalde y en la primera etapa de Néstor Kirchner; después llegó al Congreso desde el partido de Elisa Carrió (muchos antes de que pudiera imaginarse una alianza entre Carrió y Macri).

Con el PRO tuvo más recelos que coincidencias, aunque con muchos de sus dirigentes compartía, a trazo grueso, una visión del mundo y de la economía.

Esa historia parece haber influido en su suerte como ministro. Su relación con el propio Mauricio Macri nunca habría sido del todo cómoda. Pero más difícil habría sido el vínculo con el poderoso triunvirato de la Jefatura de Gabinete. Marcos Peña, Quintana y Lopetegui, acumularon con el ministro no sólo desacuerdos; los malestares personales forman parte de la trama.

“Alfonso se cortaba solo”; “le cuesta trabajar en equipo”. Estas son algunas de las frases que se escuchan en los pasillos de la Casa Rosada

Las explicaciones que se escuchan por estas horas aluden más a estos desajustes que a discrepancias de fondo sobre el manejo de la economía. Podría pensarse, a simple vista, que Prat-Gay representa una visión más heterodoxa, gradualista y flexible, en contraste con criterios más rígidos y ortodoxos que cuestionan, por ejemplo, que en este primer año el Gobierno no haya aplicado recetas duras para equilibrar las cuentas y bajar el déficit.

Sin embargo, sería una simplificación adjudicarle al ministro saliente la responsabilidad de esa política. El propio Macri es el que optó por el gradualismo antes que por el shock. Y la salida de Prat-Gay está lejos de representar el ascenso de economistas más ortodoxos como podrían ser Sturzenegger o Melconian.

CONTINUIDAD

Los nombres de los sucesores hablan, más que cualquier otro dato, de una continuidad. Luis Caputo es, de alguna forma, un hombre de Prat-Gay. Aunque tiene vuelo propio, llegó a Economía de la mano del ministro saliente y fue el virtual segundo del equipo que condujo este año esa cartera. Con Prat-Gay tiene, además, una estrecha relación personal e inclusive fueron socios en la actividad privada. Nicolás Dujovne no es, ni mucho menos, la contracara del ministro que se va. Tiene coincidencias de fondo; no es un ortodoxo y ha avalado, a grandes rasgos, la gestión de Prat-Gay.

Todo parece indicar, en definitiva, que el relevo en Hacienda es más una decisión política que económica.

Quizá el Presidente haya evaluado la necesidad de oxigenar un ministerio en el que se concentra, quizá, una de las mayores asignaturas pendientes: la reactivación de la economía y el control de la inflación. Pero lo que ha buscado, evidentemente, es dar un paso hacia la homogeneidad política de su Gabinete y una señal clara en cuanto a su esquema de poder. El alejamiento de Prat-Gay es otro respaldo categórico a Marcos Peña, Quintana y Lopetegui.

“Alfonso se cortaba solo”; “le cuesta trabajar en equipo”. Estas son algunas de las frases que se escuchan ahora en los pasillos de la Rosada. Aluden directamente a los cortocircuitos con los hombres fuertes del Gabinete. Cuentan, por ejemplo, que el ministro saliente enviaba a funcionarios de segunda línea a las reuniones convocadas por Lopetegui y Quintana. En el lenguaje del poder, eso habla por sí solo.

El propio Macri ha hecho frecuentes referencias al “ego” de los funcionarios. Dicen que esa observación tenía, como principal destinatario, al ministro de Hacienda al que acaba de pedirle la renuncia.

Lejos de marcar un cambio de rumbo o de criterio, el relevo en Economía parece ratificar –y profundizar- una estrategia de gestión que Prat-Gay cuestionaba: la distribución del manejo económico en distintas órbitas del gabinete. Macri ha optado por eludir la figura de un súper-ministro (al estilo de lo que fueron, por ejemplo, Cavallo o Lavagna en sus momentos) y compartimentar el comando de la economía, ubicándose él mismo como una suerte de árbitro.

RAZONES POLITICAS

Con la decisión de dividir ahora el ministerio que conducía Prat-Gay en uno de Hacienda y otro de Finanzas, ese criterio se ve reforzado. Es otra demostración, en todo caso, de las razones más políticas que económicas para entender la salida de Prat-Gay.

En un país acostumbrado a asociar las renuncias de los ministros de Economía con sobresaltos y virajes bruscos que afectan el bolsillo de la gente, esta vez el cambio –aunque ruidoso y significativo- no parece tener esa dimensión. Algo es claro, sin embargo: Prat-Gay no se hubiera ido –menos un 26 de diciembre- si el segundo semestre hubiera llegado cuando el Gobierno lo esperaba. Aunque no sea un giro drástico, el relevo marca el inicio de una nueva etapa en el manejo de una economía que todavía espera florecer.

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