Los viajeros con alguna experiencia en hostels suelen jactarse de poder detectar a “los buenos” sin haber avanzado más allá de la recepción. La calidez del lugar -que por lo general salta a la primera impresión- y de las personas que lo atienden sería un punto fundamental en la evaluación. Porque no es lo mismo que dormir en un hotel: el hostel cuenta con códigos propios y sus huéspedes reclamarán esa particularidad que -y esa es la idea- condicionará el resto del viaje.
Son más baratos que los hoteles, sí. Pero ese no es el único motivo por el que cada vez suman más adeptos. La interacción entre los huéspedes figura entre las características más valoradas.
“Al principio elegí dormir en un hostel por una cuestión económica. Pero después descubrí las ventajas de conocer gente y ahora es lo que más rescato del sistema”, cuenta Juan de Vega (37), que se hospedó tanto en hostels de Argentina como del exterior.
Norberto Sarubinsky, abogado de la Cámara Argentina de Hostels, cuenta que en el país existen alrededor de 200 hostels. “Hasta hace unos años principalmente los usaban los extranjeros de visita en el país. Después se fueron sumando argentinos de vacaciones o estudiantes que deben permanecer poco tiempo en alguna provincia por cursos o pasantías”, dice. El grueso del público se forma por hombres y mujeres de entre 20 y 40 años. Una característica compartida: las ganas de sociabilizar.
“Al principio elegí alojarme en un hostel por una cuestión económica. Pero después descubrí las ventajas de conocer gente y ahora es lo que más rescato del sistema”
“En estos lugares te podes encontrar con quien menos te imagines. Desde músicos, escritores, muralistas, hasta psicólogos, cineastas docentes, no docentes y periodistas. Está el mochilero estudiante, pero también van familias de padres jóvenes y muchas personas que viajan solas”, cuenta Juan Manuel Galvan (35), que desde hace diez años elige este tipo de alojamiento en sus vacaciones.
Los costos son variables (depende de cada lugar, de la ciudad y de los servicios ofrecidos) pero en general se encuentran a mitad de camino entre un camping y un hotel dos estrellas. La noche puede rondar entre $150 y $250.
La mayoría de los hostels ofrecen la opción (más económica) de compartir habitación y baño o, por el contrario, dormir en un cuarto individual con baño privado. En el caso de las habitaciones compartidas, éstas pueden ser triples, cuádruples o dormis de seis, ocho y hasta doce huéspedes. Por lo general las habitaciones son mixtas.
“Una desventaja es que no existe un sistema de categorización como son las estrellas en el caso de los hoteles. Te enterás la cantidad de camas por habitación o de la cantidad de baños en relación a la cantidad de huéspedes una vez que estás ahí”, comenta Galván.
La cocina suele ser uno de los espacios compartidos preferidos para interactuar. Además los dueños o encargados de estos lugares, según cuenta Sarubinsky, por lo general son jóvenes que han viajado por el mundo y han vivido la “experiencia hostels” e intentan recrear el sistema que vieron en el exterior. Entienden que la sociabilización es uno de los aspectos más valorados y la fomentan.
“Tienen un sector destinado al esparcimiento para que los huéspedes interactúen entre sí. Además organizan actividades grupales en coordinación con agencias de turismo para llevarlos a tours, bicicleteadas o a espectáculos”, dice Sarubinsky.
“Conoces personas de otros países, con otras religiones y culturas. He llegado a cambiar la rutina de mi viaje por gente que conocí en hostels y decidí seguir con ellos. Con otros, nos hicimos amigos y organizamos un viaje todos juntos”, cuenta De la Vega, que por lo general viaja con un amigo.
Jugar al pool, al metegol, mirar películas, ir a bailar o de excursión con otros huéspedes es moneda frecuente en este tipo de experiencias. También es común que dentro de los hostels se organicen fiestas, actividades como pueden ser las clases de tango o distintos torneos. Sociabilizar es la regla e incluso aquellos que duermen en habitaciones privadas van dispuesto a ello.
Debido al aumento de demanda, en los últimos años se incrementó notablemente la competencia dentro del rubro. Sarubinsky señala que las provincias argentinas que más hostels tienen son Misiones, Córdoba, Mendoza y algunas del Sur.
La competencia creciente generó una mejora en la calidad de los establecimientos y en los servicios que ofrecen. En la mayoría, la tarifa incluye desayuno, acceso a internet, lockers, ropa de cama, espacio para guardar equipaje, limpieza de habitaciones y cocina equipada.
Algunos ofrecen una noche gratis después de una determinada cantidad de días de alojamiento o descuentos en bares, boliches, teatros o cines.
No hay toque de queda, por lo que cada uno puede usar los espacios compartidos hasta el horario que desee.
Los mayores inconvenientes -cuando el lugar cumple con las expectativas- pueden surgir por los compañeros de habitación que tocan en suerte. “Algunos pueden ser muy intolerantes con el ruido o con los horarios. Me ha pasado, en La Rioja, que hacían 40 grados y uno de los chicos no quería que prendamos el aire acondicionado. También el orden pude ser un problema. Y, aunque nunca me robaron, hay que tener cuidado y ser consciente de que no sabés con quién estás compartiendo el espacio”, dice Juan.
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