Aunque la actividad física puede parecer imposible para algunos pacientes con Parkinson, una nueva revisión de las investigaciones en torno a sus efectos confirmó lo que muchos especialistas vienen observando hace tiempo: que el ejercicio puede constituir una verdadera medicina a largo plazo contra esta enfermedad.
Tras evaluar los resultados combinados de más de cientos estudios hechos a lo largo de los últimos treinta años sobre el tema, investigadores de la Universidad de Quebec corroboraron el claro beneficio que la actividad física tiene sobre la fuerza, la movilidad, la flexibilidad y el equilibrio de los pacientes, según describen en un reciente artículo publicado por la revista Journal of Parkinson’s Disease.
“Muchas personas con Parkinson le tienen miedo al ejercicio, no saben exactamente qué hacer. La clave está en adoptar un método progresivo y adecuado para cada quien: puede ser tan sencillo como caminar por la casa hasta que estén listos para caminar fuera”, explicó Martine Lauze, la principal responsable de la revisión.
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