En un comienzo nada anticipaba lo que vendría luego. “Juntos y en paz”, era una de las consignas que convocaban a la marcha de anoche. De hecho, el grupo incluía gente de todas las edades y de diferentes puntos de la localidad, todas unidas por el temor a ser las siguientes víctimas de una escalada violenta de inseguridad.
La negativa del comisario a hablar cara a cara con los vecinos, algo que se consideró un destrato, fue lo que desembocó en la furia. Aunque de antemano, los vecinos ya habían manifestado sentirse “indignados y asqueados”.
Cuando coparon el sector delantero de la seccional, el clima fue en parte distinto al que se vivió en Flores hace pocos días: no hubo destrozos pero sí ganas de ser escuchados.
“Se desentienden de todo y el problema es real. Convivimos cada día con esto y para colmo nadie nos presta atención”, analizó una mujer, invadida por el enojo.
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