Los motivos por los que, día tras día, se resienten las frecuencias de los micros que circulan por la Ciudad pueden ser muy variados: porque los choferes se toman vacaciones y hay que reacomodar esquemas; porque es el momento que aprovechan las empresas para “poner a punto” las unidades; porque se multiplican los piquetes que entorpecen el tránsito; por los reclamos laborales de choferes que repercuten en el servicio... Pero los que pagan las consecuencias son siempre los mismos: los usuarios, cuyo tiempo y paciencia (infinita) terminan siendo, sin excepción, la variable de ajuste de un servicio que, otra vez, da señales de no estar a la altura de los desafíos que plantea el transporte público de una gran urbe.
SUSCRIBITE a esta promo especial