LEOPOLDO MANCINELLI
PSICOLOGO
Dolce vita o exigente vida. Los jóvenes italianos que apoyan sus pies en la Fontana de Trevi, no sienten que estén viviendo una vida dolce. Más vale están hastiados de todo, sin estímulos ni entusiasmo. Han perdido el atractivo vital y nada los conmueve. Para la dolce vita todo es pasajero, largas siestas, largas comilonas y un sabor a nada después de cada experiencia.
La vida de jóvenes con hijos pequeños se ha puesto ordenada y exigente. Los padres comparten las exigencias deportivas que los lleva a performances cada vez más exigentes. Hasta los hijos pequeños advierten que la rutina deportiva de sus padres influye en sus vidas, en su vivacidad, en el modo que reaccionan a nivel escolar.
La familia advierte que la dinámica deportiva que han impuesto a sus vidas produce efectos positivos en toda la familia, todos se ven más ordenados, más listos y con menos pereza al acometer alguna acción.
El paso de la “Dolce vita” ha sido una postura de “ que me importa” frente a la vida y casi todas las actitudes propias de los jóvenes sobre todo aquellos desangelados o desesperanzados, viró hacia el punto del desasosiego y el pesimismo.
La actitud actual de tomar cada aspecto de la vida y el cuerpo humano como esencial para la salud y para el futuro de la persona y de la sociedad, representa un cambio revolucionario en la concepción de la vida y del movimiento.
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