Además de los horarios ‘externos’ que nos impone la sociedad para estudiar, trabajar, realizar gestiones, comprar, consumir y desarrollar las actividades convencionales, existe otro horario ‘interior’: el que nos marcan nuestros ritmos biológicos. Para funcionar mejor debemos intentar conciliarlos todo lo posible. Es por eso que hay especialistas que recomiendan que cada uno trae de ajustarse a su ritmo interno y a los horarios en los que más cómodo se siente.
“En realidad ningún ritmo es mejor que el otro, aunque el entorno social nos repita que ‘lo más rápido es lo mejor’. Los problemas y desajustes surgen cuando nos empeñamos en seguir el ritmo de los demás y olvidamos el nuestro, cuando una tortuga intenta correr como una libre. Lo importante es llegar: el resultado”, señala la entrenadora emocional y experta en psicología creativa Mar Cantero Sánchez.
Según explica Cantero en la revista especializada ‘Psicología Práctica’, “el primer paso consiste descubrir cómo es nuestro ritmo interno, porque quizá no estemos viviendo en consonancia con éste. Hay que observarse y revisar el día a día”.
“Para saber cómo es muestro propio ritmo, hay que preguntarse si uno prefiere madrugar o dormir hasta tarde. Si nos gusta levantarnos temprano y disfrutar con las primeras horas del día, tenemos un ritmo interior diurno. Si por la noche somos capaces de seguir trabajando, aunque debamos acostarnos para poder levantarnos al día siguiente, nuestro ritmo es nocturno”, sugiere.
Aunque, según Cantero, “los ritmos pueden variar en el tiempo y por distintas causas, como las preocupaciones o emociones, o un cambio de estación, y por lo tanto conviene adaptar los horarios a los ritmos de cada momento, aunque dentro de unos meses haya que reacondicionarse de nuevo”.
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