El de los motoqueros es un fenómeno de la ciudad descontrolada y prepotente. No es nuevo, por cierto. Pero cuesta creer que sea tan difícil erradicarlo.
Ayer se pasó una nueva raya con el disparo contra un agente municipal. Pero no sorprende demasiado. Alcanza ver a los motoqueros en acción para advertir que son un grupo violento, dispuesto a pasar por arriba al que se cruce en su camino, que se apropia con agresividad y prepotencia del espacio público y que ignora los derechos básicos del otro.
Por supuesto, se habla aquí de las bandas de motoqueros, que nada tienen que ver con los grupos de andan en moto y que disfrutan de esa actividad sin “aplastar” ni intimidar a nadie. También hay que salvar otras generalizaciones. El que disparó contra un inspector es uno; no fueron “los” motoqueros. Pero hay algo, sin embargo, de violencia colectiva, “en banda”, que está asociada a esta patología urbana.
En la zona de Plaza Moreno, por ejemplo, los motoqueros meten miedo en la madrugada. Ayer, sin ir más lejos, alteraron el descanso durante varias horas. Provocan explosiones a repetición, como si fueran poderosas ametralladoras. Además muchos se suben a la Plaza y causan destrozos. Casi matan a un inspector: ¿hasta dónde los dejarán llegar?
SUSCRIBITE a esta promo especial