Clayton Christensen es un profesor de Harvard que hace más de quince años escribió un libro titulado “El dilema del innovador”. Allí sostiene que la clave para sorprender no está en innovar, sino en cómo se lo hace. Según Christensen lo que hace falta es una mentalidad creativa, que abra paso a ideas originales, enfoques sorprendentes e inventos inesperados.
El proyecto de la intervención artística para mostrar el abandono de los espacios públicos o históricos de la Ciudad junto al escudro protector de la Unesco a la Casa Curutchet como Patrimonio Arquitectónico de la Humanidad, bien podría decirse que encaja perfectamente dentro del concepto disruptivo. El problema es que esa pretendida muestra de arte nace viciada por el robo, sustracción (o lo que fuere) de una placa que forma parte de los bienes públicos.
Extraña manera de intentar generar conciencia sobre lo que es de todos, si se lo empieza dañando.
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