En distintas ciudades del mundo, basta que los vendedores ilegales intuyan la presencia policial para verlos, a toda velocidad, recoger la mercadería en sus mantas -por eso lo de “manteros”- para escaparse a toda velocidad. Eluden las normas pero también tratan de eludir a la Policía. Aquí, sin embargo, lo que se observa es que desafían a los uniformados, los enfrentan y resisten los operativos; muchas veces hasta con “apoyo ciudadano”. Es curioso: suelen producirse reacciones de solidaridad en favor de ambulantes ilegales, cuando nadie imagina esa reacción en defensa de un humilde kiosquero al que le clausuraran su comercio por deudas con la Afip. Es curioso: algunos piden que los “dejen trabajar” pero impiden trabajar a los inspectores municipales o policías locales que -según puede presumirse- ganan menos que un vendedor ilegal.
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