“Carlos Alberto Cajade fue un cura militante que entregó su vida a la infancia desamparada y luchó con coraje contra desigualdades e injusticias”. Así arranca el libro “Padre Cajade. El santo de los pibes de la calle”, del periodista Pablo Morosi, que retrata vida y obra de este sacerdote que llegó a convertirse en una figura de prominencia en la región.
Cajade nació en la geografía de Ensenada en 1950, cuando ese distrito todavía formaba parte de la jurisdicción de La Plata; creció en el barrio Villa Arguello de Berisso donde descubrió su vocación sacerdotal; y terminó por desarrollar su Hogar en favor de niños desamparados en la localidad platense de Villa Garibaldi.
“En respuesta a un fuerte mandato familiar y a una revelación que lo asaltó en plena adolescencia ingresó al seminario para convertirse en sacerdote. Formado al calor de las discusiones sobre el “aggiornamento” que propuso para la iglesia el Concilio Vaticano II eligió la opción preferencial por los pobres que llevó a la práctica al fundar el hogar de la Madre Tres Veces Admirable, una iniciativa que adaptó la pedagogía de José Kentenich, fundador del Movimiento de Schoënstatt, centrada en la libertad y la confianza y que planteó un modelo de intervención que se convirtió en referencia para las políticas públicas destinadas a la niñez abandonada, que hasta entonces sólo proponían el encierro”, relata Morosi en la introducción del trabajo, que cuenta con un prólogo de la periodista Ana Cacopardo, amiga del cura.
Cajade, que murió en 2005 por un cáncer que arrasó su estómago, fue “un cura sin sotana” y, según sostiene el biógrafo, “estaba convencido de que la práctica del evangelio debía incluir un compromiso crucial y activo con los desposeídos que sirviera para mejorar la vida de camino a la eternidad”.
Morosi cuenta cómo su imagen se fue robusteciendo en los 90, cuando resistió las políticas neoliberales de achicamiento del Estado y flexibilización laboral que, según el párroco, cimentaban “una fábrica de pobres”.
“Carlos tuvo un gran predicamento social porque llevó adelante una forma de enfrentar el problema de los chicos de la calle para el que hasta ese momento el Estado sólo contemplaba el encierro. En su propuesta convivencial Cajade incorporó como elementos claves el afecto, la contención, la confianza y una espiritualidad que no necesariamente pasaba por lo religioso”, dice Morosi en diálogo con este medio. En el texto se asegura que la Obra llegó a atender unos 400 chicos en forma directa y coordinar la entrega de alimentos en comedores a más de 3000.
Morosi repasa cómo el clérigo se convirtió en el primer secretario de Derechos Humanos de la filial bonaerense de la Central de Trabajadores Argentinos y, luego, en coordinador del Movimiento Nacional Chicos del Pueblo, que fundó junto a su gran amigo Alberto Morlachetti. Años más tarde se integró a la Comisión Provincial por la Memoria desde donde denunció vejaciones y abusos en cárceles y comisarías. Con Morlachetti impulsó la idea de instaurar una asignación de carácter universal para menores de 18 años. También contribuyó a la creación del Foro Provincial por la Niñez que promovió una serie de cambios determinantes en la legislación de infancia.
Cajade se hizo muy popular también por su fanatismo por Estudiantes de La Plata. En el texto se señala que asistía a los entrenamientos y trataba de acomodar el horario de las misas para poder ir a la cancha. Entre otras cosas, fue quien bendijo la ceremonia del centenario del club. La dimensión de su renombre también está reflejada en una anécdota contada por Morosi de este modo:
“En noviembre de 1998, cuando Cajade ya se había consolidado como referente comunitario desplegando un fuerte activismo social que trascendía las fronteras de La Plata, fue elegido como la personalidad más destacada de la ciudad durante la cena de celebración del 116 aniversario de la capital bonaerense organizada por la Fundación Florencio Pérez, una entidad de beneficencia íntimamente ligada al diario. Por primera vez, los cerca de 800 invitados al tradicional festín votaron por una figura que se destacara “por su contribución al bien común”. Entre los comensales había empresarios, funcionarios públicos, dirigentes políticos y de instituciones culturales y deportivas, además de profesionales de distintos ámbitos. En una votación muy repartida, Cajade obtuvo el 21 por ciento de los sufragios, doblando los conseguidos por figuras como el prestigioso cardiocirujano René Favaloro, el oncólogo José María Mainetti o el director de Casa Cuna, Luis García Azzarini”.
El cura “construyó un mito de sí mismo y de cada una de sus acciones” asegura el autor del libro. En tal sentido, considera que “no hay un solo padre Cajade sino tantos como personas lo conocieron: hay un Cajade santo y otro hereje; uno público y otro secreto”.
“Repasar su vida y su obra es también echar un vistazo al derrotero de la iglesia platense a lo largo de cuatro décadas. Sus reproches al verticalismo y las arbitrariedades de la estructura eclesial lo ubicaron en los bordes de una institución dominada por el conservadurismo a la que sirvió y amó aun con sus diferencias. Cuestionó el celibato al que consideraba una imposición absurda y arbitraria que aislaba a los clérigos de las vivencias del resto de la gente. Lo hizo desde el discurso, pero también desde la acción: Se enamoró y tuvo tres hijos a los que crió, sin poder reconocerlos formalmente”, revela Morosi y se interna en la faceta menos conocida del religioso. Para el autor, Cajade “vivió contra la corriente, preso de los preceptos imperantes en una época cargada de oscurantismo y represiones; cercado por la rigidez de la iglesia de los castigos, que lejos estuvo siempre de aceptar o, siquiera, entender los ardores que atravesaron su existencia sublevada y audaz”.
Autor: Pablo Morosi
272 páginas
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