Un grupo de expertos del Centro para la Ecología y la Conservación, dependiente de la Universidad de Exeter (Gran Bretaña), ha realizado un estudio durante cinco años para obtener más conocimientos sobre las tortugas marinas, cada vez más escasas, con el fin de obtener datos encaminados a los esfuerzos en pro de su conservación.
La investigación sobre estos enormes viajes de los que hasta ahora se tenía escasa información fiable, ha podido ser realizada sobre la tortuga gigante Dermochelys coriacea, en el Atlántico sur, gracias a una investigación innovadora que emplea el rastreo por satélite.
El estudio aporta datos esclarecedores sobre el comportamiento migratorio de estos animales.
Para ello, los investigadores siguieron los movimientos de 25 tortugas desde su colonia de reproducción más grande del mundo, situada en Gabón, Africa Central, hasta el punto final de su viaje de regreso.
El equipo, dirigido por Matthew Witt y ayudado por distintas organizaciones ecologistas, identificó tres rutas migratorias, incluyendo una de 7.563 kilómetros a través del Atlántico Sur.
En sus conclusiones, se señala la existencia de estas rutas claras de migración, aunque, aseguran, que desconocen qué es lo que hace decidir a las tortugas por cada una de ellas.
Lo que tienen en común estas rutas es que se trata de viajes de proporciones épicas. La muestra más clara la consiguieron con el seguimiento a través de satélite de una hembra que realizó una travesía en línea recta a través del Océano Atlántico.
Desde el Area Marina de la ONG Ecologistas en Acción se explicó que uno de los grandes motivos por los que las tortugas marinas viajan tanto es que pasan toda su vida en el mar, “siguiendo las corrientes marinas, sobre todo las superficiales. Hacen una ruta parecida a la que hacen los barcos de vela, porque las corrientes marinas superficiales están muy en sintonía con las corrientes superficiales de aire”.
Otra de las razones para sus grandes viajes lo constituye el proceso de su reproducción. Son omnívoras que van buscando el calor del sol “por ejemplo, - señala Sanz- la tortuga boba, una de las más comunes, tiene dos enclaves fundamentales para la reproducción, uno es el gran golfo de México y otro el Mediterráneo. Eligen estos lugares para realizar su última fase de puesta porque allí las aguas son más cálidas”.
A diferencia de otros reptiles o pájaros cuyos huevos incuban ellos mismos, transmitiéndoles con sus cuerpos el calor que necesitan para eclosionar, las tortugas eligen playas en lugares cálidos para que sea la irradiación solar la que aporte el calor necesario que haga posible el desarrollo de las crías.
Ecologistas en Acción manifiesta que “se suele decir que las tortugas marinas vuelven a hacer la puesta en el mismo sitio en el que nacieron. A veces tardan hasta 50 años en volver, por lo que encuentran la costa muy transformada, y se dan casos en los que la puesta de huevos la terminan haciendo en el mar porque no pueden llegar a tierra”.
Las costas con enclaves turísticos han redundado en la construcción acaparando gran parte de los litorales. Zonas donde las tortugas acudían para realizar sus puestas se encuentran tras sus largos viajes con el impedimento que estas construcciones representan.
La tozudez de algunas las hace chocar de forma insistente contra las paredes de esas nuevas construcciones, desconocidas para ellas, hasta que llegan a perder la vida.
Entre las prácticas humanas que perjudican a estos reptiles se encuentra la utilización de la técnica de pesca por palangre, una de las causas fundamentales por las que ciertas especies marinas están desapareciendo.
Las redes que se sumergen en el agua alcanzan los fondos marinos arrastrando a su paso todo lo que se encuentran por delante, es decir, fauna y flora.
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