Las obras hidráulicas que necesita la Ciudad para atenuar el riesgo de que se produzca una nueva inundación como la del 2013, ya no pueden esperar más. Varias están en ejecución, pero a un ritmo más lento del que se había prometido. Otras están todavía en la etapa de proyecto.
Lo que ocurrió esta semana en Pergamino, donde una lluvia muy intensa provocó un desastre, es -como se señala en estas páginas- una advertencia de lo que puede volver a ocurrir en La Plata. No se trata de ser alarmistas, pero sí de reconocer los riesgos objetivos que plantea el cambio climático. Pergamino sufrió graves consecuencias a pesar de ser una zona con alta tasa de absorción. El hecho de ser una ciudad rodeada de tierras fértiles la convierte en una zona mucho más protegida frente a la caída intensa de agua. Sin embargo, el diluvio de unos 300 milímetros provocó desbordes y desastres. ¿Qué hubiera ocurrido si esa misma cantidad de agua hubiera caído esta semana en La Plata? Nuestra ciudad no tiene, ni remotamente, la misma capacidad de absorción que Pergamino. No sólo por una mayor densidad urbana sino también por la cantidad de invernaderos que hay en la periferia. Por lo tanto, las obras hidráulicas que se proyectaron después de la inmensa tragedia del 2013, son absolutamente imprescindibles.
Las obras hidráulicas de la Ciudad no se pueden demorar más ni sufrir nuevas postergaciones y paralizaciones. El cambio climático es una amenaza aún mayor para los centros urbanos con alta densidad poblacional
Todos los especialistas coinciden en esta necesidad y subrayan la necesidad de acelerar los trabajos. Hay que destacar, además, que para eso la Provincia cuenta con valiosos recursos humanos en la dirección de Hidráulica, donde no se ha producido el éxodo de técnicos y especialistas que sufrieron otras áreas como la de Vialidad. Esos recursos deben ser aprovechados para intensificar el ritmo de obras en la capital bonaerense y proyectar cuanto antes lo que haga falta para completar las defensas de la Ciudad frente al riesgo de inundaciones.
Lo de Pergamino debe funcionar como un llamado de atención. Enciende luces de alerta para las zonas más densamente pobladas y en particular para una ciudad como la nuestra, en la que ya no puede hablarse de riesgos hipotéticos sino de una tragedia que no puede repetirse.
Existe, como se sabe, el compromiso de avanzar con las obras hidráulicas que se comenzaron. Pero no se puede perder tiempo. Es necesario acelerar los plazos y fijar metas estrictas para atenuar los riesgos.
Se sabe que las garantías no son absolutas y que, probablemente, no haya ninguna obra que garantice que la Ciudad no se vuelva a inundar frente a un registro inédito de lluvia como el que se produjo aquel fatídico 2 de abril del 2013. Pero el objetivo es atenuar el impacto y, por lo tanto, reforzar las defensas frente a una contingencia de ese calibre.
Hay que recordar que a lo largo de este año se denunció la parálisis de buena parte de las obras licitadas del Plan Maestro Hidráulico para la Región. De los 48 frentes de obras licitadas, un total de 29 sufrieron parálisis y postergaciones.
La parálisis obedeció a varios motivos, desde inconvenientes técnicos en la traza, la necesidad de readecuar proyectos e “interferencias” que no pudieron sortearse hasta el quiebre repentino de algunas empresas contratistas.
En ese contexto, se puso en funcionamiento la Bicameral de Fiscalización y Control de las obras hidráulicas.
El comportamiento del clima, tanto aquí como en el mundo, da señales constantes de una transformación amenazante. Los registros pluviales confirman en zonas muy diversas situaciones completamente atípicas e inesperadas. Frente a esa realidad, y a la dramática experiencia que ha sufrido La Plata, las postergaciones que sufrió el plan de obras hidráulicas en la capital de la Provincia no puede menos que preocupar y encender luces de alarma.
Tanto los vecinos como los especialistas, esperan que en el año que está a punto de comenzar el ritmo de obra se normalice e inclusive se acelere para cumplir con los plazos establecidos.
La Ciudad espera respuestas que al menos achiquen los márgenes de peligro frente a lluvias cada vez más agresivas, imprevisibles y concentradas.
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