“Se ha instalado en el inconsciente colectivo cierta idea de que, como hoy es una infección crónica y uno puede estar bien tomando una pastilla al día, el VIH ya no es algo de lo que uno se tenga que preocupar. Pero la realidad es que el VIH no es sólo una enfermedad médica sino también una enfermedad social que viene acompañada de mucha discriminación, una enfermedad que te impone además una relación de por vida con los servicios de salud, con todas las barreras y limitaciones que eso conlleva en nuestro país. Por otra parte, esa pastilla por día no siempre es una sola, y en cualquier caso tiene efectos secundarios que a la larga dañan tu cuerpo. Siempre trato de trasmitirle eso a los chicos. El VIH tal vez no sea una mochila tan pesada como antes pero sigue siendo lo suficientemente pesada para no bajar la guardia”.
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