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Un acuerdo que descolocó a Cambiemos

Por Redacción

Por

Mariano Spezzapria

El oficialismo se confió y sufrió una derrota política de proporciones. Un descuido tal vez propio de la inminencia del fin de año lo llevó a pensar que los bloques de la oposición en Diputados no eran capaces de unirse en torno a un objetivo común, como lo es modificar el emblemático impuesto a las Ganancias. Pero los cálculos de Cambiemos se demostraron fallidos.

Tanto en la Casa Rosada como en el interbloque que componen el PRO, la UCR y la CC de Carrió –ayer ausente en el debate por un viaje al exterior- estimaron que el Frente Renovador de Massa y el FpV kirchnerista no arribarían a un acuerdo básicamente por una cuestión de competencia política. En el imaginario oficialista, ambos espacios compiten por el liderazgo del peronismo.

Por eso los descolocó la negociación entablada en distintos despachos del Palacio Legislativo por diputados como Marco Lavagna, Axel Kicillof y Diego Bossio, quienes encararon los aspectos técnicos del proyecto común bajo la supervisión política de sus jefes de bloque, Graciela Camaño, Héctor Recalde y Oscar Romero. Los antecedentes alimentaban el razonamiento del oficialismo.

Los bloques opositores solamente se habían unido este año para votar la ley Antidespidos, que luego vetó el presidente Macri

Los bloques opositores solamente se habían unido este año para votar la ley Antidespidos, que luego vetó el presidente Macri. Y también para mandar nuevamente a comisión el proyecto -luego sancionado- de la Participación Público Privada (PPP) en materia de obra pública. En todo lo demás, que fue mucho, el massismo y el kirchnerismo anduvieron por distintos andariveles.

Las heridas que saltan a la vista entre ambas fuerzas, derivadas del abandono del FpV que hizo Massa en 2013 –cuando ganó la elección en la Provincia y le cortó el paso a la re-reelección de Cristina Kirchner- los mantuvo alejados. De hecho, durante buena parte del año el tigrense entendió que mostrarse con alguna figura del kirchnerismo le hubiera resultado perjudicial.

Pero ahora que al Presidente y su administración las encuestas ya no los tratan tan bien, en el Frente Renovador entendieron que llegó el momento de diferenciarse con claridad de la alianza gubernamental. Esto, luego de que en casi todo el 2016 el massismo funcionara en el Congreso como un aliado de Cambiemos, frente a la intransigencia del kirchnerismo y la izquierda trotskista.

Una trayectoria política similar describió el Bloque Justicialista de Bossio, que con una veintena de diputados se escindió del FpV y votó todas las leyes clave que envió el Poder Ejecutivo a la Cámara baja. Pero ayer se unió al massismo, el kirchnerismo y otras fuerzas opositoras como el GEN de Margarita Stolbizer, los socialistas santafesinos, el Movimiento Evita y cuatro bloques provinciales.

La reunión de diputados de origen tan disímil obedeció a un error estratégico del Gobierno, que envió el proyecto de Ganancias a regañadientes, bajo presión opositora, y mandó a defenderlo al Congreso a funcionarios que se mostraron belicosos, como el ministro de Hacienda Prat Gay. Las espadas legislativas de Cambiemos no tuvieron ningún margen para encarar una negociación.

Los que más sufrieron esa situación fueron el radical Mario Negri y los macristas Nicolás Massot y Marcelo Laspina, quienes tienen trato fluido con la oposición, incluyendo a dirigentes que se ubican en las antípodas de su pensamiento, como Kicillof. La situación que se venía ya había sido advertida por el titular de la Cámara, Emilio Monzó, quien fue desautorizado por el propio Macri.

El Presidente sostuvo que el bonaerense estaba inmerso en un “microclima político” propio de su tarea legislativa, en una definición con la que no solamente rechazó las críticas internas de Monzó al armado de Cambiemos, sino que además mostró cierto desdén por la dinámica del Congreso. De hecho, Macri tuvo un mandato como diputado y no es algo que haya valorado especialmente.

A partir de la frustración con el impuesto a las Ganancias, el Presidente y sus colaboradores más cercanos desplegarán en los próximos días un discurso tendiente a asimilar a Massa con el kirchnerismo, en una estrategia que se adelantará unos meses puesto que igualmente la iban a utilizar en la campaña previa a las próximas elecciones legislativas en el territorio bonaerense.

En el Frente Renovador ya se hicieron esta pregunta: ¿Le sirve a Massa aparecer pegado con los K? En principio la respuesta sería negativa, pero también es cierto que Cristina Kirchner sigue representando a una porción del electorado. Y también lo es que haber convencido al FpV de modificar Ganancias –cuando históricamente se negó a hacerlo- es una novedad política.

Por eso resultó al menos incoherente ver a Kicillof defendiendo los cambios consensuados por la oposición en el gravamen, que afecta a unos dos millones de trabajadores. Pero no podría sorprender a nadie que el bloque del PJ liderado por Miguel Pichetto en el Senado termine convalidando la iniciativa opositora, puesto que Massa y Bossio le habían anticipado la jugada.

“Saben que van a perder”, deslizó a este diario el tigrense la semana pasada, cuando el acuerdo opositor todavía estaba en fase de gestación, en referencia a la actitud confrontativa con la que Prat Gay acudió al Congreso por orden del Presidente. En esa frase premonitoria, Massa empezó a torcer el rumbo de la discusión. Y ayer terminó de poner al Gobierno en aprietos legislativos.

La gestión de Cambiemos concluye 2016 sin control de la agenda parlamentaria: viene de sufrir la paralización de la reforma electoral en el Senado; ayer dio su visto bueno a la Emergencia Social tras un acuerdo con los movimientos sociales –lo cual le genera no poco ruido entre sus votantes- y ahora deberá decidir si aplica el veto presidencial al proyecto opositor de Ganancias.

Por el lado de la oposición, está claro que ya comenzaron los aprontes electorales hacia 2017.

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