Alfio Sanbotaro es un arquitecto y consultor escenotécnico que, en 1999, cuando se inauguró la Sala Alberto Ginastera, fue contratado por la empresa norteamericana que instaló en el Teatro Argentino el sector de maquinarias del escenario. Ahora, convocado por esta nueva gestión, regresó para analizar la situación en la que el área se encuentra, y sus resultados no fueron alentadores.
“La parte electromecánica es rescatable. Ahora, todo lo que es dispositivo de seguridad, sensores de carga, de cable flojo, posicionadores, etc., están destruidos, y han quedado viejos y dirimidos, y no cumplen con la normativa vigente. Eso es lo que hay que cambiar y actualizar”, aseguró el especialista.
Tarros de pintura que ofician de colectores de agua que se filtra del techo en cada lluvia entre la maquinaria, cables sueltos, máquinas fuera de servicio y otras, literalmente, “atadas con alambre”, se pueden ver a simple vista en un paseo rápido por este sector.
Consultado por cómo funcionó la sala en estas condiciones durante tantos años, teniendo en cuenta que “desde 1999 no se han realizado tareas de mantenimiento”, Sanbotaro tiene una respuesta: “Gracias al corazón y al ingenio de los tramoyas, sin ninguna duda”.
Según se informó, en el escenario, el 50% de las varas motorizadas no funciona. Tampoco el 40% de los 65 motores puntuales. El computador de comando de todos esos sistemas no anda en condiciones apropiadas: en pleno siglo XXI todos esos sistemas de control de escenario se manejan con una computadora Pentium 3, un procesador que dejó de fabricarse en 2003.
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