Las imágenes de micros y autos arriba de Plaza Moreno (un miércoles en hora pico) resultan penosas porque muestran una Ciudad descontrolada y desbordada. No debería ser una anécdota. Habría que entender lo sucedido ayer como síntoma de una grave enfermedad. Los cortes anárquicos de calles; los vallados (que siempre están mal pero además se instalan sin criterio y con una anticipación absurda); la falta de aviso y de ordenamientos alternativos; la ausencia de inspectores y policías en el corazón de la Ciudad (nadie impidió que Plaza Moreno se convirtiera en avenida)... Todo parece una combinación que deriva en anarquía y “vale todo”. Antes del protocolo antipiquetes, quizá haya que aplicar el sentido común.
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