En términos artísticos, el derrotero del rock en La Plata no se diferenció mucho de lo que aconteció en Buenos Aires y Rosario, las otras dos ciudades fundacionales para el género en el país. Urbes mucho más populosas que la nuestra, obviamente, lo que habla de una relación proporcional entre nuestro cotidiano y la música joven más importante que la que hoy pueden tener los porteños o los rosarinos.
Quizá el carácter esencialmente estudiantil de La Plata, donde en los ‘60 y ‘70 hubo un fuerte activismo político juvenil –no es casual que sea una de las ciudades más golpeadas por la represión de la última dictadura– le haya dado un impulso extra a las expresiones artísticas “jóvenes”. Lo cierto es que desde los tiempos de La Cofradía de la Flor Solar, la cultura rock fue vigorosa en La Plata, con experiencias de vida comunitaria, autogestión independiente y una búsqueda estética bien definida. Que eso se haya prolongado en el tiempo (Virus, Los Redondos, Peligrosos Gorriones, Mr. América, Estelares, Norma, El mató a un policía motorizado, etc.) y que en la actualidad La Plata produzca más rock que cualquier otro centro urbano del país, son elementos que definen el lugar donde vivimos.
El sello Concepto Cero, la revista De Garage, sitios como Pura Vida, el suplemento joven de El Día y el apoyo de medios públicos, como FM Universidad y la 97.1 de Radio Provincia, son emprendimientos interesantes que dotan a la actividad local de una marca particular. Por lo pronto definen con claridad un circuito cultural.
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