“El estado catastrófico en que están los hospitales es producto de un deterioro sistematizado que viene desde hace muchísimos años por falta de inversión y constituye la cara visible de una situación más grave aún. Y es que en ella confluyen con la ruina de los edificios, la interrupción en el suministro de insumo y el cierre de servicios clave por falta de recursos humanos. Mientras que hace veinte años los médicos se peleaban por entrar a las residencias hospitalarias, hoy tenés muchas especialidades donde las vacantes de residencia no se llegan a cubrir. Las nuevas generaciones de profesionales saben que un jefe de sala con veinte años de carrera hoy cobra 17 mil pesos de sueldo en un hospital público y no tiene ningún reconocimiento: es lógico que no quieran trabajar ahí”.
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