“No sólo los edificios están en un estado lamentable; el equipamiento se rompe y no se repone; faltan insumos; el personal de enfermería no alcanza; no hay camilleros, algunos servicios han cerrado porque no consiguen especialistas y, como tampoco hay suficiente seguridad, cada tanto algún médico que viene poniendo el hombro para subsanar todas esas falencias termina recibiendo una paliza como retribución. Porque la realidad es que hoy son los médicos y residentes los que sostienen un sistema que se cae a pedazos y que ni siquiera reconoce su trabajo. Un médico que ingresa a un hospital tras doce años de formación y una carga horaria de 36 horas semanales hoy cobra apenas 12 mil pesos, de los cuales 2 mil van obligatoriamente a la Caja. Eso es lo primero que hay que arreglar”.
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