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María del Carmen Gibert de Campodónico

María del Carmen Gibert de Campodónico

Por Redacción

Causó un profundo sentimiento de pesar el fallecimiento, a sus 80 años, de María del Carmen Gibert de Campodónico, ocurrido recientemente en nuestra ciudad.

Había nacido el 18 de diciembre de 1935, siendo la hija mayor del matrimonio conformado por Efrain Gibert y María Catalina Lenzi. La vivienda familiar de 6 y 46 fue el escenario de una infancia compartida con su hermana menor, Ana María.

Cursó casi todos sus estudios en el Colegio de la Inmaculada, de donde egresó como Maestra Normal Nacional, cargo que ejerció durante algún tiempo aún después de su casamiento con Ricardo José María Campodónico. El matrimonio tuvo cinco hijos: Ricardo, Pablo, María, Ana y Florencia.

Sin dejar de cumplir con su rol de esposa y madre, transitó sus estudios universitarios en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata, donde se recibió de Licenciada en Economía. Empujada por su vocación docente, se desempeñó durante muchos años como profesora en las Cátedras de Microeconomía y de Macroeconomía de la mencionada casa de altos estudios.

Como profesional cumplió funciones en la Dirección de Energía de la Provincia de Buenos Aires. Luego fue Gerente Administrativo Financiero de “S.A. Miguel Campodónico Limitada”, desde donde realizó una importante labor, ya que le tocó la época de modernización de la empresa y pudo volcar allí sus profundos conocimientos en la materia.

Por encima de sus muchos merecimientos laborales, sus allegados destacaron en Moño -como la conocían todos- sus virtudes como ser humano excepcional, como hija, esposa, madre, abuela y amiga. La familia fue, para ella , prioridad absoluta: vivió “por” y “para” sus seres más cercanos. Primero, sus padres y hermana, después su marido y sus hijos, que la convertirían en abuela de quince nietos.

Profundamente creyente, de comunión y misa diaria, vivió de acuerdo a los principios cristianos, llevándolos a la práctica con auténtica convicción, pensando en los demás antes que en ella misma y postergando su bienestar por el de los “otros”. El “dar” fue para ella una obligación y encontró felicidad en la ayuda que brindaba a cuantos la necesitaran. También la volcó en la Federación Apoyo Familiar, institución modelo con la que colaboró con entusiasmo y energía desde su creación.

Pero ninguno de estos aspectos de su vida, le impidió a Moño ser una amiga incondicional y consecuente, siempre dispuesta a compartir un viaje o una tarde con sus amigas de toda la vida. Excelente anfitriona, su casa estuvo permanentemente abierta para entablar con ellas charlas interminables o juegos de mesa.

Moño se caracterizó por ser una mujer íntegra, cálida y sensible, cualidades por las que, sin dudas, será recordada entre quienes la conocieron y valoraron.

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