Obras de Misericordia

Escribe Monseñor DR. JOSE LUIS KAUFMANN

Queridos hermanos y hermanas.

La misericordia constituye uno de los actos internos de la virtud de la caridad, pero se manifiesta al exterior mediante la beneficencia, que es uno de los efectos de la misma caridad. La beneficencia - bene facere (bien hacer) - consiste en hacer algún bien al prójimo como expresión de benevolencia (bien querer) interior. Las manifestaciones de benevolencia coinciden con las llamadas “obras de misericordia”, sobre todo si surgen como compasión ante la miseria o desgracia que aflige a otros.

La cantidad de posibles obras de misericordia es incalculable, ya que cada necesidad del prójimo es motivo y ocasión de una verdadera obra de misericordia. Sin embargo, una antigua tradición ha señalado, a modo de ejemplo, catorce obras de misericordia: siete son de orden corporal y siete de orden espiritual.

Dice el Papa Francisco: “Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina. La predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos. Redescubramos las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir a los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia a las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos.” (Misericoridae Vultus, 15). Este elenco de obras de misericordia es considerado detenidamente por santo Tomás de Aquino, si bien las llama limosnas corporales y limosnas espirituales. Lo cierto es que se hacen de acuerdo a las diversas necesidades o deficiencias de los demás.

Las manifestaciones de benevolencia coinciden con las llamadas "obras de Misericordia"

La Iglesia profesa la misericordia de Dios. Cree la misericordia de Dios y siempre la ha proclamado del modo más efectivo posible: así tenemos muchas instituciones eclesiales dedicadas precisamente a ocuparse de los hermanos que necesitan ser asistidos, ayudados, consolados, perdonados, atendidos, encomendados. No existe en el mundo otra institución como la Iglesia Católica que se ocupó siempre - y se sigue ocupando - de los más desvalidos, y ¡por amor a Dios! Incluso en muchos países donde la Iglesia está proscripta, tienen cabida los institutos de la Iglesia que se ocupan de los menesterosos. Por las obras de misericordia la Iglesia de Dios está en todas partes, aún donde es perseguida. El Papa san Juan Pablo II, afirmó: “La Iglesia vive una vida auténtica, cuando profesa y proclama la misericordia - el atributo más estupendo del Creador y del Redentor - y cuando acerca a los seres humanos a las fuentes de la misericordia del Salvador, de las que es depositaria y dispensadora. En este ámbito tiene gran significado la meditación constante de la Palabra de Dios, y la participación consciente y madura en la Eucaristía y en el sacramento de la Penitencia o Reconciliación” (Dives in misericordia [30.11.1980], 13 c). “Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia” (Mt 5, 7).

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