P or todo lo que encierra un partido de estas características y con el fresco antecedente de lo que sucedió en el verano en Mar del Plata, con los graves incidentes que protagonizaron los jugadores de ambos equipos, el árbitro Néstor Pitana, designado para dirigir el choque de ayer en el estadio Ciudad de La Plata, tuvo un correcto desempeño.
El árbitro misionero, además de haber estado bien acompañado por sus asistentes (aciertos en jugadas finas que pudieron haber desatado alguna polémica), no tuvo problemas en sacar adelante el clásico número 155 del historial profesional, que terminó en favor de Estudiantes.
Néstor Pitana estuvo prácticamente encima de cada jugada. Atento y poco permisivo.
No permitió movimientos bruscos que hubiesen significado peligro para el futbolístico, y cada vez que alguno se “descontrolaba” o se excedía verbalmente, los llamaba aparte y les “reclamaba” tranquilidad, dando a entender que quería un partido con “rienda corta” y sin inconvenientes.
Si bien el clásico se jugó con los dientes apretados y con cara de pocos amigos, no se registraron jugadas violentas o que hubieran generado cierta polémica, salvo aquel codazo que Franco Niell le aplicó en la boca al defensor Jonathan Schunke, a los 9 minutos del segundo tiempo, que derivó en la correcta amonestación al delantero mens sana.
Pitana sancionó correctamente el penal que derivó en el tercer gol de Estudiantes, convertido por la Gata Fernández
con pocos amonestados
Por cómo se desarrolló el partido a lo largo de los noventa minutos, el derby platense terminó con muy pocos amonestados, algo que no había sucedido en los últimos enfrentamientos entre ambos representativos.
Las únicas tres tarjetas amarillas que hubo en el encuentro de ayer se registraron en la parte complementario
La primera vez en el partido que Néstor Pitana debió remover su bolsillo para sacar el cartón amarillo fue a los 17 minutos de la parte final, cuando el defensor albiazul Mauricio Romero cruzó violentamente a Carlos Auzqui, dentro del área, lo que significó el penal en favor del elenco albirrojo (bien sancionado, por cierto) y la posterior conversión de la Gata Fernández.
Como quedó dicho, la segunda amonestación y el llamado de atención para Franco Niell, llegó en el minuto 9 del segundo capítulo.
El delantero mens sana, en una típica jugada de roce, le aplicó un fuerte codazo al defensor Jonathan Schunke, que le produjo un pequeño corte en la boca con algunas líneas de sangre.
Y la tercera y última tarjeta amarilla que mostró Néstor Pitana llegó prácticamente cuando el partido se moría.
Sí, a los 44 minutos, la amonestación recayó en Jonathan Schunke, que le cortó un avance de Gimnasia tocando la pelota con la mano derecha.
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