Dos veces más pequeño que la Tierra y con una temperatura media en la superficie de 55 grados centígrados bajo cero, Marte es un planeta inhóspito y árido con muy poco oxígeno, volcanes extinguidos y llanuras horadadas por la lava.
Pero el planeta rojo, que debe su sobrenombre al óxido de hierro con tonos arcillosos que predomina en su superficie, es también el mundo más habitable de nuestro entorno: una masa rocosa que se cree pudo albergar vida y que el ser humano intenta colonizar desde 1960.
“Las condiciones de Marte en el pasado se parecían mucho más a las de la Tierra actualmente. Se cree que en la Tierra hay la misma cantidad de agua que hace millones de años, mientras que en Marte se ha perdido gran parte porque escapó de la atmósfera”, explicó el científico de la Agencia Espacial Europea (ESA) Hakan Svedhem.
Hoy, la ESA enviará a ese planeta situado a unos 77 millones de kilómetros de la Tierra la primera de las misiones del programa ExoMars, que aspira, entre otros objetivos, a descubrir si el cuarto planeta del sistema solar pudo albergar vida.
PREPARANDO EL TERRENO
Pero esta misión se encontrará con una superficie hostil, similar a los páramos más estériles de la Tierra, un mundo frío con frecuentes tormentas de polvo a escala global y una fina atmósfera que no logra retener el calor.
“Es más amistoso que otros planetas del sistema solar. No está tan mal, tiene una temperatura manejable para el ser humano, aunque hay poco oxígeno”, agregó Svedhem.
La misión que llegará a Marte en octubre se encontrará también con un planeta con menor gravedad que la Tierra, alrededor del que orbitan dos pequeños satélites naturales, Fobos y Deimos.
Ese planeta telúrico, de naturaleza rocosa como la Tierra, presenta algunas formaciones geológicas mucho más pronunciadas que la de su vecino cálido y húmedo.
Por ejemplo el Valle Marineris, un sistema de cañones de 4.500 kilómetros de longitud que discurre por el ecuador de Marte, trazando una herida en su relieve de 11 kilómetros de profundidad y 200 de ancho que lo convierten en el desfiladero más grande del sistema solar.
Allí, se intentará analizar su fina atmósfera y establecer si efectivamente en ella hay una pequeña concentración de metano y, de ser así, si su origen es geoquímico, volcánico o biológico. Aunque el objetivo de máxima es preparar futuros aterrizajes de naves europeas con seres humanos a bordo.
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