Por WALTER EPISCOPO
Anoche la Comision Directiva decidió ponerle fin a un ciclo que tuvo de todo un poco. Como en la vida. Como en un matrimonio. Momentos buenos, dulces y de los otros. Fue el segundo ciclo de Pedro Troglio como técnico de Gimnasia. Después de aquel mes de abril de 2007 donde no se había ido bien, regresó el 6 de octubre de 2011 a su querido Lobo, ese que estando lejos de la Ciudad se había tatuado. La primera vez lo habían ido a buscar en marzo de 2005 para apagar el incendio por que el equipo podía descender. Lo salvó a mitad de ese año y en el segundo semestre lo hizo pelear por el título. Tras volver a los torneos internacionales y un 2006 donde la derrota más dolorosa en un clásico lo marcaría, en los primers meses de 2007 se terminó yendo.
Y ahora pasó más o menos lo mismo. Tras pocas fechas en la B Nacional, tuvo que volver como un bombero a apagar el fuego. En esa temporada en marcha acomodó las cosas y no le alcanzó para pelear. Pero en la temporada que vendría sí. En junio de 2012 pidió los refuerzos necesarios y armó un equipo para devolver a Gimnasia a Primera. No podía fallar. Y no falló.
El martes 28 de mayo de 2013 en un Estadio Mundialista “Mario Kempes” que reventaba de Triperos, su equipo le ganó a Instituto y regresó a la máxima categoría varias fechas antes del final (con más antelación por ejemplo, que River en la temporada anterior). “Es uno de los momentos ás felices de mi vida. Vine para esto”, decía el hombre de rulos que lloraba como un niño y se abrazaba a su amigo y más directo colaborador, Víctor Bernay.
Todo parecía encausarse. El Club desde lo institucional y en lo futbolístico el Lobo regresaba al círculo privilegiado. El DT mantuvo la base y en ese segundo semestre de 2013 hizo un buen torneo, que superaría a comienzos de 2014. Es que con la misma base que ascendió, un año después superaba los 50 puntos que era el objtivo, metía al Club otra vez en un torneo internacional y como yapa, peleó por el título y tuvo chances matemáticas hasta la última fecha.
El Club parecía encausarse, pero Troglio empezó a quedar en el medio de disputas entre oficialismo y oposición. Su imagen empezó a desgastarse, por que hacía más que dirigir l equipo. Iba a buscar agua cuando alguna vez faltó, o metió la mano en el bolsillo cuando algún pibe estaba corto de plata. Se arreglaba con lo que tenía.
El 2015 fue complicado. Empezaron los primeros rumores sobre que su relación con la dirigencia no era la mejor. Tal es así que tardó en firmar su nuevo contrato, ese que aún estaba vigente hasta fins de este año. Por que en 2012, ni hablar en 2013 con el ascenso y en 2014, antes de junio estampaba la firma. Pero en 2015 hubo muchas idas y vueltas. El quería hasta junio venidero, la dirigencia le pidió hasta diciembre, y después de tanto tire y afloje se llegó a un acuerdo, también en lo económico.
SU FALLA CLASICA
No llegaron refuerzos rutilantes. La base del ascenso se mantuvo (a veces por caprichos del propio técnico) pero el equipo venía en modo “crucero”. Sin problemas de promedio. El hincha se acostumbró a no sufrir por mantener la categoria, Troglio se reiventaba y salía adelante después de las tormentas.
A principios de este año estuvo cerca de irse y la relación parecía totalmente quebrada con la CD. “Siento que mi proyecto no existe más”, supo señalar. Se sentía cada vez más solo. Pero en estos 4 años y medio hubo una deuda que nunca pudo levantar. Algo en que no pudo complacer a una parte de la gente: Los clásicos. En esta segunda parte en el Lobo, un par de empates y una victoria de verano en 2014. Después se fue derrotado. Y eso cada vez le pesó más. “Se que estamos en deuda con los clásicos”, dijo el último viernes.
Su estigma contra Estudiantes no lo pudo romper, y esto fue fatal para su suerte, por más que el último domingo no fue quien marcó mal en defensa, diera un rebote infantil o hiciera un penal innecesario. Un resultado de clásico lo termina condenando.
Por eso, como aquella novela del genial Osvaldo Soriano, el ahora DT albiazul se fue quedando cada vez más solo y triste en este final, que tal vez fue tan sorprendente, como necesario.
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