Gonzalo (19) había salido a bailar el sábado a la noche. Unas horas más tarde, cerca del amanecer del domingo, se volvía a su casa caminando con su novia. A pocas cuadras del boliche de Ringuelet de donde salió, un peatón se le cruzó con un pedido inocente, en apariencia: “¿No tenés un cigarro?”. La escena se vivió a metros de camino Centenario y 509.
El chico le dijo que no y el otro pareció aceptarlo. Siguió caminando en dirección opuesta a la víctima -la misma que tenía desde el comienzo- pero sólo por unos segundos. “Después se volvió, lo agarró por el cuello y lo amenazó con un cuchillo”, contó Roberto, el padre del joven.
“¿Así que no tenés nada?”, empezó increpándolo. Gonzalo sintió que lo podían lastimar, pero aún así intentó defenderse. El ladrón ya le había sacado la gorra que tenía puesta y lo seguía amenazando.
De todas formas, “no tenía nada más de valor para que le pudieran sacar”, consideró su padre, en una charla con EL DIA.
Para peor, a la novia del joven “le pegaron una piña en el pecho y la dejaron tirada en el piso”, dijo Roberto. El delincuente seguía empuñando un cuchillo tramontina, dispuesto a herirlos a los dos.
Y lo consiguió con el varón, porque alcanzó a hacerle un corte superficial en el cuello. También le dejó rasguños en la cara y le dio varios golpes en el cuerpo.
Parecía que el episodio, mezcla de intento de robo y de pelea callejera entre desconocidos, podía alcanzar niveles de mucha violencia. La víctima se plantó ante el agresor e intentó, al menos, echarlo de ahí. “Se defendió como pudo”, señaló su padre.
En pleno cruce, justo apareció un patrullero. Los dos policías que iban a bordo, aparentemente cerca de terminar su turno, intervinieron al ver la situación. Frenaron, redujeron al delincuente y lo esposaron.
Luego, en la comisaría, varios agentes lo reconocerían por otros episodios previos en la jurisdicción: “Parece que tenía antecedentes y es del barrio. Se lo veía borracho o drogado”, argumentaron distintas fuentes.
“lo pudo haber degollado”
Mucho se habla de las peleas que se generan a la salida de boliches y bares cuando termina la noche. En la Región hubo varios casos graves recientes. Este caso pareció una mezcla de aquellos incidentes con los intentos de robo que se suceden a diario.
Todavía con sangre en el cuello y en la cara, Gonzalo fue llevado por los policías a la guardia del hospital de Gonnet, a pocas cuadras de donde ocurrió todo.
Ahí lo curaron y le permitieron volver a su casa de City Bell. El joven aún se siente “con bronca” por lo que le pasó. A su papá le quedó otra sensación, más atemorizante: “La verdad es que zafó de casualidad, porque lo podrían haber degollado”.
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