Destacado jurista y reconocido docente, Godofredo Héctor Lozano Baudón falleció en nuestra ciudad y dejó un importante legado entre sus colegas y alumnos.
Había nacido el 3 de agosto de 1926, en La Plata. Sus padres, Federico Lozano y Lía Olga Baudón, pertenecían a tradicionales familias de la Ciudad.
Estudió en la escuela Anexa, y en el Colegio Nacional de la Universidad Nacional de La Plata. En la facultad de Derecho de la UNLP se recibió de abogado.
Ingresó a los tribunales penales, donde progresó con una impecable carrera que llegó hasta el cargo de camarista. Comenzó su tarea como empleado judicial y luego de recorrer todos sus escalafones se jubiló en el ejercicio de la magistratura.
Junto al desempeño como magistrado, su pasión fue la docencia y en ese ámbito recibió diversos reconocimientos por su labor, tanto por sus colegas como por los alumnos, que lo recordaron por su amena forma de enseñar, didáctica, y muy eficaz para transmitir conocimiento.
Precisamente, le gustaba que lo recordaran por su trayectoria como docente (dio clases en la Universidad pública y en la Universidad Católica de La Plata).
Comentó el Código de Procedimientos Penales de la provincia de Buenos Aires, y su labor fue un instrumento indispensable en el estudio de ese fuero, durante muchos años.
Se casó con Elena Peralta Calvo, con quien tuvo dos hijos: Elena Lía y Godofredo Federico. La familia creció y llegaron seis nietos: Federico, Martín, Alejo; Godofredo, Lisandro y Josefina. Y dos bisnietos: Jeremías y María Paz
Hincha fanático de Estudiantes de La Plata, siguió al equipo de sus amores en las diferentes campañas que tuvieron al albirrojo como gran protagonista.
Viajero incansable, disfrutó junto a su esposa de numerosas excursiones por el país y el exterior. Amaba Mar del Plata y en sus últimos veranos eligió las playas de Pinamar para el descanso reparador.
Nadador de mar abierto, sobresalió en esta disciplina y fue este el deporte que más le gustó practicar hasta que la actividad laboral y su salud se lo permitieron.
Se destacó por su generosidad, lo que le permitió sembrar lazos de amistad en todas las etapas de su vida.
Tenía una simpatía particular y un espíritu generoso, por lo que siempre ayudó a quien necesitaba apoyo para diversos emprendimientos o bien para el que tenía que resolver algún problema. Dialogar con él siempre fue enriquecedor, por su amabilidad y un arrollador conocimiento cultural.
Su lugar en el mundo fue Gonnet, donde combinaba la buena lectura, encuentros con amigos y reuniones con su familia, a la que siempre se entregó por entero. Se destacaba por su originalidad y siempre utilizó su notable inteligencia para buscar el mejor camino en la aplicación de las herramientas del derecho.
SUSCRIBITE a esta promo especial