La aprobación en la Cámara de Diputados del proyecto del gobierno para pagarles a los “fondos buitre” y salir del default de la deuda externa le otorgó al presidente Mauricio Macri una victoria legislativa de proporciones, al tiempo que evidenció el grado de descomposición política en el que se encuentra el kirchnerismo a sólo tres meses de su salida del poder.
Esa era ayer la primera lectura que se hacía sobre la aplastante votación de 165 diputados por la afirmativa y solamente 86 en contra, que permitió darle sanción al proyecto y girarlo de inmediato al Senado. Pero también hubo algunos matices que permiten comprender el cuadro de situación completo, sin pensar la política sólo en términos de ganadores y perdedores. Por caso, el rol de los bloques de diputados que se ubican en medio entre la alianza de gobierno Cambiemos y la oposición más dura, compuesta por el Frente para la Victoria y los representantes de la izquierda tradicional. Así, el massismo, los peronistas no K, los socialistas y distintas bancadas del interior del país apoyaron al oficialismo en una parada crucial.
El voto de Diputados le dio a Macri una victoria legislativa muy significativa y mostró, al mismo tiempo, la debilidad política en la que navega el kirchnerismo a tres meses de la derrota electoral
De hecho, Cambiemos es la primera minoría en la Cámara baja, pero su bloque tiene sólo 89 escaños y por ende sumó otras 70 voluntades entre las bancadas que no se cuentan en el arco oficialista. Los seis sufragios restantes los aportaron legisladores que todavía integran el FpV, como el misionero Maurice Closs, que provocarían otra escisión en cualquier momento.
Entre esos actores legislativos, según pudo saber EL DIA, hubo mucha más coordinación de la que trascendió hasta el momento. A tal punto, que se registró un encuentro reservado entre Sergio Massa, Diego Bossio y Miguel Angel Pichetto, el jefe de los senadores del FpV que ya no responde a Cristina Kirchner, en la que se acordaron los límites que se pondrían al proyecto.
El texto final de la iniciativa aprobada en la Cámara de Diputados contuvo varias sugerencias que partieron de esa reunión, que tuvo lugar en Tigre, porque el gobierno entendió que su prioridad era darle celeridad al debate parlamentario y mostrar a los “fondos buitre” y sobre todo al juez estadounidense Griesa que tiene respaldo político para finiquitar el acuerdo.
Pero no sería intención de Pichetto, que conduce un bloque de más de 40 senadores sobre un total de 72 que integran la Cámara alta, aprobar el proyecto oficial tal cual fue enviado ayer por Diputados. “Nadie quiere aparecer como el que facilitó el endeudamiento”, razonó un experimentado operador del Congreso, que pronosticó “dos semanas bravas” en el Senado.
Con la introducción de una sola modificación, aunque sea menor, el bloque del FpV en el Senado se aseguraría no quedar en la foto como el que le puso el moño al acuerdo con los “fondos buitre”. Y obligaría a la Cámara de Diputados a volver a reunirse para refrendar la iniciativa. Tal vez por eso el ministro Alfonso Prat Gay estuvo ayer mismo en el Senado.
El titular de Hacienda informó allí, ante un plenario de comisiones, que lo que debe pagarse a los “holdouts” asciende a 11.684 millones de dólares, una cifra que a su criterio representa una “quita del 38 por ciento” respecto a la sentencia judicial emitida en Nueva York. A su vez, la vicepresidenta Michetti dijo que el proyecto se tratará en el recinto el 30 de marzo.
De acuerdo a los planes del oficialismo, entre la fecha de la aprobación definitiva y el vencimiento del plazo para pagarle a los “holdouts”, establecido por Griesa para el 14 de abril, el gobierno tiene que emitir una serie de bonos que le permitirán hacerse de los dólares en efectivo, “green cash”, como ordenó el juez de Nueva York en sus últimas resoluciones.
No está asegurado que el paso por el Senado sea “un trámite”. Cualquier modificación obligaría a que el proyecto vuelva a Diputados
En el medio, tendrá lugar la visita del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, a la Argentina. El gobierno norteamericano ya dejó en claro que apoya el acuerdo, una postura que ayer ratificó el subsecretario del Tesoro para Asuntos Internacionales, Nathan Sheets, en una reunión con Prat Gay. El presidente Macri piensa retribuir los gestos con hechos concretos.
A tal punto, que se encontrarían avanzadas las conversaciones para que el Mercosur firme un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, similar al que ya tienen Colombia, Perú y Chile. La reunión del martes último entre Macri y su colega paraguayo Horacio Cartes mostró coincidencias. Uruguay tampoco sería un obstáculo, se estima en ámbitos diplomáticos.
Pero la situación interna de Brasil, donde el ex presidente Lula acaba de ingresar al gobierno de Dilma en medio de graves acusaciones de corrupción, no haría factible que la primera potencia sudamericana se pronunciara sobre el TLC con rapidez. Sobre todo, si Lula persiste en su alianza histórica con Venezuela, que se gestó en los mejores tiempos de Hugo Chávez.
No obstante, el escenario regional empezó a cambiar por completo –hasta Evo Morales viene de perder un referendo en Bolivia- y Macri emerge como un aliado importante para Estados Unidos. La visita de Obama, prevista para la semana próxima, no hará más que comprobarlo. En ese contexto, el acuerdo con los “fondos buitre” es fundamental para la Casa Rosada.
Claro que el Presidente pudo haber exagerado al plantear el debate en términos drásticos, cuando advirtió que hay que cerrar el acuerdo o marchar hacia el ajuste y la hiperinflación. Pero en rigor, se está configurando un mapa político en el que la Argentina puede ejercer un papel preponderante si el frente externo deja de ser un escollo para la economía nacional.
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