Pocas veces, una causa por presunta corrupción ha contado con elementos tan “gráficos” y “televisivos”. Se dijo ayer: el video que registró al hijo, al contador y a otros allegados a Lázaro Báez contando fajos de millones de dólares en una “cueva” financiera es, más allá de cualquier discusión sobre su valor probatorio, un símbolo de enorme significación. Pero hay que decir, además, que no debe haber un solo antecedente de un caso en el que el presunto manejo de dinero sospechoso quede grabado con tanta nitidez. Para muchos, esto tiene una sola explicación: la sensación de impunidad de quienes participaban de la maniobra.
Hay que decir también que el video se conoce mucho tiempo después de que se iniciara la causa por la llamada ruta del dinero K. Y viene a aportar imágenes a algo que ya se sabía. Las operaciones aparentemente turbias en “La Rosadita” no son una novedad. La participación del hijo de Báez en la conformación de sociedades “off shore” para el envío de dinero a paraísos fiscales, tampoco es algo que no se supiera. El video vendría casi a confirmar una trama de oscuros manejos financieros en torno a la plata proveniente de la corrupción. Pero no revela -en definitiva- nada que no se conociera.
En el gigantesco escándalo que sacude a Brasil, se han revelado escuchas, fotos comprometedoras y testimonios de “arrepentidos”. Pero ninguna cámara llegó tan lejos como aquí.
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