El título de aquella película de Campanella cae, como anillo al dedo, para graficar la nueva reforma que se pone en marcha en la Policía Bonaerense.
La gobernadora María Eugenia Vidal y su ministro Cristian Ritondo recorren, por estos días, el mismo camino que transitaron -con esquiva suerte- todos sus antecesores a lo largo de los últimos 30 años.
La titular del Ejecutivo provincial parece decidida en ir a fondo con la purificación de la fuerza. ¿Alcanza con la presente reforma? Tal vez no, pero es un principio. Denota, al menos, una intención y un mensaje político hacia la sociedad.
¿Es nuevo lo que se propone? No, en su cojunto. Muchas de las estructuras ya habían sido puestas en marcha por la reforma de Arslanian.
¿La gente percibirá resultados? Se sabrá con el tiempo. Ayer Ritondo, al menos, se mostró dispuesto a transparentar las cifras del delito. Y ese, al menos, es un paso adelante.
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