El anuncio nacional sobre la supuesta aplicación de un protocolo contra los piquetes y cortes de calles ha quedado sepultado por la realidad, de un modo que hasta parece grotesco. La Provincia -es cierto- nunca había dicho que fuera a adherir a ese protocolo, que no se ha aplicado ni se aplica en ningún lado. Los resultados están a la vista. La calle de la Gobernación estuvo toda la semana bloqueada por un piquete que ya se ha convertido en campamento y que tiene hasta la escenografía de un desafío exagerado. Los manifestantes se han instalado con carpas, televisor, reposeras. Son muy pocos, apenas una decena. Pero aplican el “protocolo piquetero” y con eso les ha alcanzado para adueñarse durante una semana entera de la calle de la Gobernación. Los automovilistas y los peatones sufren las consecuencias y miran azorados. Hasta donde se sabe, nadie se ha acercado -al menos- para pedirles amablemente que permitan la libre circulación. La Policía se suma al corte de la calle.
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