Por WALTER EPISCOPO
SEMBLANZA
Cuando fines de noviembre de 2009 la película titulada “La Pasión” dedicada a Gimnasia (el primer Club en llegar a la pantalla grande), los miles de espectadores que concurrieron a los cines se quedaron enganchados para siempre con la historia de un pibe de las divisiones juveniles. El mismo había sido elegido por el director del film, el platense Alejandro Encinas, entre tantos pibes de inferiores para simbolizar la historia de un chico cualquiera que sueña con llegar a Primera.
Los sacrificios de una familia muy humilde para llevar a entrenar a Jonás, que gracias a su participación en “La Pasión” logra compartir un almuerzo en Estancia Chica con el cuerpo técnico de aquel entonces encabezado por Leonardo Madelón (temporada 2008/2009) y el plantel profesional.
El pibe que en ese momento tenía 11 años, con sus ojos enormes y el pelo largo y revuelto miraba todo y hablaba sin nervios, pero mostrando admiración.
Quiso conocer a Fabián Rinaudo, su ídolo, con quien se abrazó. A Franco Niell, a Chirola Romero, a Mariano Messera, a Pipino Cuevas... Después le contaría a su familia, lo vivido, que jamás se lo olvidó, incluso las palabras del Tornado Alonso que le dijo enérgicamente, “hay que ser malo... hay que ser más malo, vos tenés que ser malo para jugar. ¿Vos creés que sos el mejor? Bueno, pero no hay que ser el mejor con la pelota, hay que ser el mejor entrenando, pero también en el estudio, con los padres, el mejor hermano, amigo. Te tenés que preparar para ser el mejor” , arengándolo. Una de las partes más celebradas, que está en el final de la película, que retrató aquel momento donde el Lobo termina zafando del descenso con los agónicos goles del Enano Niell ante Atlético Rafaela en el Bosque.
Para los hinchas del Lobo quedó como el pibe de la peli de Gimnasia, que usaba la “nueve” y le gustaba jugar como delantero. Pero el pibe creció. Y Andrés Yllana, que lo venía teniendo en Reserva, lo llevó a concentrar por primera vez con la Primera.
Hasta último momento estuvo con la duda de llevar al banco a Eric Ramírez, que venía de hacer dos goles en la semana en el clásico de Reserva, o a Jonás, con su velocidad y desfachatez.
Finalmente, el DT se inclinó por esta última opción y, sin saberlo, terminó cumpliendo lo que en aquellos meses de fines de 2008 y principios de 2009 el juvenil añoraba: “Mi sueño es llegar a la Primera, y tenés que trabajar mucho para llegar a donde están ahora los jugadores” , decía mientras mostraba en una repisa de su habitación los trofeos ganados en infantiles.
DE IDOLO A COMPAÑERO
Las últimas horas fueron soñadas para este Alé Corvalán ya de 19 años (cumple los 20 el 10 de julio), porque a los que en aquel momento eran simplemente sus ídolos, a los que veía jugar hace ocho años atrás y les hizo firmar una foto, ahora los tuvo como compañeros en la concentración, como a Rinaudo y Niell, o Messera ahora en su rol de ayudante de campo.
El jueves por la tarde quedó concentrado en Estancia Chica tras la práctica vespertina y luego de la cena, se quedó charlando un largo rato a solas, de sobremesa, con Fito en el comedor de la Casona.
Para Jonás y toda su familia el de ayer fue un día muy especial, ya que le tocó ir al banco por primera vez y asomarse al fútbol profesional. Los recuerdos de ir a entrenar llevado por su padre hasta El Bosquecito desde Ensenada, a veces en bicicleta y otras a pie, aparecieron todos juntos.
Y seguramente lo vivido anoche en Sarandí, más allá del resultado, jamás se lo olvidará, sólo que esto no fue su sueño contado en una película, sino la realidad que al fin había llegado.
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