El diario ecuatoriano, El Comercio, reconstruyó los últimos días de Marina Menegazzo y María José Coni, en Montañita.
Compartían una habitación en un hostel ubicado cerca de la Casa Comunal del pueblo, por la que pagaban 10 dólares por día. Era un cuarto angosto, con ventana a la calle, con una cama sencilla cubierta con sábana de flores y un pequeño lavamanos pegado a la pared.
En el hostel tenían libre acceso a la cocina, donde preparaban hamburguesas y ensaladas de frutas que vendían casi a diario. Por esos menesteres las pudo conocer un poco más la administradora del hostal, que más bien parece una casa familiar.
“Hablaba más con la alta, la de cabello negro. Pero eran unas niñas muy tranquilas. Por aquí ha pasado mucha gente que viene a perderse, a buscar alcohol, diversión desmedida. Pero ellas eran diferentes. Todos los días llamaban a sus familias y se sentaban aquí para hablar con ellos”. Y señala a una pequeña sala, con algunos sofás amontonados junto a la puerta de entrada.
ENTRE ARGENTINOS
Las conocían por sus ensaladas de fruta y por las hamburguesas. Para sumar unos pesos, Marina y María José acostumbraban venderlas en la playa. Ahí pasaban, del lado del acantilado, donde suelen reunirse los argentinos que visitan esta balneario. Así lo recuerda Mati, un bonaerense que vive en esa comuna
“Ellas eran gente súper tranquila, alejadas de cualquier vicio, de cualquier situación de conflicto”, dice él.
Después de 11 días en ese lugar, María José y Marina se despidieron, tomaron sus mochilas y dejaron el hostel al mediodía del lunes 22 de febrero. “Nunca me dijeron que no tenían dinero -dice la administradora-. Si era así, hubiera dejado que se quedaran unos días más.
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