Jeremías tiene 17 años y está detenido en el instituto Almafuerte, en Abasto. Dice que no va a robar “nunca más” y que quiere salir cuanto antes para ayudar a su familia y ser “un ejemplo” para sus hijos.
En su pequeña celda del centro de detención, donde duerme en un colchón sobre un bloque de cemento, tiene una letrina y una pileta en mal estado. Ahí escribió una carta con sus objetivos, que lee “todos los días”, para no olvidarlos.
“A mi me gustaría salir adelante, tener mi trabajo, poder ayudar a mi familia y el día de mañana poder comprar un terreno y levantarme mi casa. No quiero pasarme toda la vida privado de mi libertad”, escribió.
Y sigue: “Yo quiero tener mis hijos y por lo menos que tengan un techo para vivir, quiero que tengan un buen ejemplo de mi, que vean a un papá trabajando y que no vean un preso”.
“Yo tengo pensado no robar más. Tengo algunas herramientas y me pueden ayudar”, agregó Jeremías, que sabe de mecánica y de plomería e hizo un curso de montador eléctrico para poder trabajar.
La historia de Franco no es muy distinta. Tiene 20 años y está preso desde hace tres y medio por balear a un hombre. Confirma que “no está bueno” estar alojado en un centro juvenil y pidió a los jóvenes que “hagan lo mejor” para evitar caer en la delincuencia. “No sean débiles ante el sistema porque el sistema sea malo. Hay que superarse a uno mismo”, opinó, convencido de que un instituto cerrado “no está bueno para el desarrollo de una persona”.
Lamentó “estar lejos de los seres queridos, no poder salir a una plaza a jugar, no poder ir a una escuela afuera”, pero pidió que cuando salga le den herramientas para trabajar y estudiar y “no caer en la droga”. No obstante, contó que durante el tiempo en prisión pudo terminar la escuela secundaria, hizo un taller de comunicación y ya comenzó a tener salidas para cursar una carrera terciaria.
“Está bueno saber para abrir la mente. Más allá de que estemos encerrados, si podemos aprender cosas, vamos a ser más libres. Mientras más aprendemos, más libres somos”, remarcó.
radiografia del almafuerte
En el instituto Almafuerte hay 39 jóvenes alojados, que es la capacidad habitual, y tienen en su mayoría entre 17 y 19 años, aunque algunos llegan a los 21. En el lugar, funciona una escuela primaria y otra secundaria que dependen del Gobierno bonaerense, en tanto que se realizan talleres de carpintería, panadería, repostería, comunicación social y computación.
También a veces realizan actividades con facultades como las de Bellas Artes, Humanidades, Trabajo Social y Psicología.
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