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El amor no necesita triunfos

El amor no necesita triunfos

Por Redacción

Por ALEJANDRO CASTAÑEDA (*)

afcastab@gmail.com

El amor y el poder forman un noviazgo en perpetuo reacomodamiento. A veces se potencian y otras veces se molestan. Ya hemos visto que al final del escrutinio unas cuantas parejas sintieron la necesidad de ocupar un nuevo escenario amoroso. Pero la reciente separación de la gobernadora María Eugenia Vidal fue lo más saliente de un veranito post eleccionario cargado de transiciones amorosas.

La estampida de renovaciones matrimoniales que aparecieron cuando aún estaban contando votos, se ajusta a un cronograma divorcista al que le sobran candidatos y vencimientos. Vimos lo que pasó con Scioli y Karina en pleno duelo; después, el estallido romántico del gobernador Urtubey (“Isabel es el gran amor de mi vida”); también lo del diputado José Ottavis, que vino a confirmar que el tamaño no cuenta. Y ahora, en plena gestión, la separación de la Gobernadora bonaerense. Ella lo reveló al dejar inaugurada la bajada en Villa Elisa. Aprovechó esa obra vial para ventilar los baches de su vida en pareja. En la apertura del nuevo camino, mostró que hay otros destinos en su mapa afectivo. Y dejó entrever allí, que en casa el tránsito amoroso venía de contramano, que de bajadas y subidas están hechos los matrimonios y que hoy en su ruta aparecen más desvíos que carteles de retorno.

Ya hemos glosado aquí sobre el efecto de la transición política en el plano sentimental. Sin duda el amor ha tenido que redoblar esfuerzos para mantenerse hasta donde puede en aquellas parejas que se han visto sacudidas por la derrota y el triunfo, dos impostores que cuando llegan revuelven todo.

María Eugenia quizá se dejó llevar por la inercia de Cambiemos y en pleno festejo habría decidido que no sólo el gabinete pedía retoques. Campañas, elecciones y mandatos cumplidos se llevó puesto un amor que había nacido a los 20, sin urnas que lo rondaran, y que de a poco, por abundancia de apoyos, ha terminado cediendo su lugar a las aspiraciones de un señor y una señora que buscaron en el afuera un reconocimiento que al final los terminó desgastando.

Ella lo reveló al dejar inaugurado el acceso a Villa Elisa. Aprovechó esa obra para ventilar los baches de su vida en pareja. Y dejó entrever allí que en casa el tránsito amoroso venía de contramano, que de bajadas y subidas están hechos los matrimonios y que hoy en su ruta aparecen más desvíos que carteles de retorno.

El amor necesita lugares para prosperar. Y el neocostumbrismo de Morón por ahí era poco paisaje para una linda muchacha que tuvo un millón de seguidores en diciembre y hoy tiene toda la pampa bonaerense como residencia. ¿Qué habrá pasado? Al pueblo le gustan las bodas y las rupturas, porque mal o bien le ponen argumento y suspicacia a una vida que hoy está más cerca de la pesadumbre que de la sorpresa.

¿Por qué se separaron? Las desavenencias tienen razones secretas. Es difícil intentar explicar los entredichos de una pareja que se fue disolviendo a puro triunfo. En diciembre, en pleno festejo, organizaron este adiós. El vecindario había votado por ellos. En las boletas de Morón se los veía más juntos que nunca. El pueblo convirtió al esposo en Intendente y a ella en Gobernadora. Parecía más el epílogo de una fantasía de Disney que el prólogo de una dolorosa separación. El cupo femenino tuvo en ese acontecimiento un gran ejemplo. Pero el amor necesita equivalencias y valora jerarquías. No será fácil para un intendente poder llevar del brazo a una gobernadora triunfante. La idea de la coparticipación acaso se hizo sentir en un hogar que fue feliz cuando eligió, y perdió cuando fue elegido.

Luego de que se hiciera pública la separación, el marido de la Gobernadora, el intendente de Morón Ramiro Tagliaferro, se mostró por primera vez en TV. Habló sobre la ruptura y adelantó que buscará una casa para alquilar, mientras que su ex mujer irá a vivir a la Base Aérea de Morón, bien custodiada, para que no pueda entrar el desaliento en el alma de una Gobernadora que deberá dedicarle más tiempo al Presupuesto que a los recuerdos.

El dio algunas claves en esa entrevista en la TV: “Con Mariu (Vidal) estuvimos 20 años juntos, nos pusimos de novios en la facultad. Casi la mitad de nuestra vida. Pero en los últimos dos años por ahí ya veníamos como con demasiado trabajo, demasiado ritmo, se hacían las cosas un poco más complicadas y nos pareció que lo más sano era tomar esta decisión. La peleamos, la remamos, pero cuando nos dimos cuenta que no podíamos salir decidimos sincerarlo porque no tenemos nada que esconder”.

Ella, en su mensaje dirigido en la Legislatura, esbozó su plan de acción y pareció dar pistas sobre su vida íntima.El inconciente, por supuesto, fue más allá de las bancadas. Y entrelíneas, el metamensaje de María Eugenia echó un poco de luz sobre una intimidad en crisis y un hogar que estaba en minoría. Algunas de sus frases parecieron anticipar algo más que una plataforma de gobierno:

“Nos podemos equivocar, pero vamos a dejar lo mejor de nosotros / Los bonaerenses nos merecemos algo mejor, y podemos estar mejor/ Este es el comienzo de una nueva etapa/ El cambio es mi compromiso con la gente, y sin importar qué interés se vea afectado, yo no voy a parar/ El futuro no está escrito. Depende de nosotros. Nos espera un tiempo nuevo”.

Todos los intendentes siguieron con mucha atención este discurso. Pero el de Morón, más que ninguno.

(*) Periodista y crítico de cine

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