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Acampe frente a la Casa de Gobierno de la Provincia

Por Redacción

Cristóbal López, Lázaro Báez, los socios K, los bolsos con dólares en La Rosadita y las repercusiones en El Calafate. La votación en Diputados y el discurso de Máximo Kirchner

Jorge Fernández Díaz

LA NACION

“Una viejísima ley en la guerra del mar indica que cuando los desechos suben a la superficie es porque el submarino probablemente ha naufragado. Hoy la basura emerge día tras día, en una saga repugnante, y flota toda junta en un océano de multimillonarios kirchneristas que se sirven del erario y la impunidad para montar sus imperios, y camaradas del curro que se pasan horas contando billetes verdes y bebiendo whisky en cuevas oscuras que recuerdan a Scarface”, dice Fernández Díaz. “Esas imágenes escatológicas se superponían esta misma semana con otras: el cristinismo hundiéndose en su propia intransigencia, perdiendo por paliza una batalla fundamental con los otros peronismos en la Cámara de Diputados, mientras en la plaza del Congreso compartía marcha con Quebracho y los trotskistas, inaugurando así su nuevo carácter de partido testimonial de izquierda”. En el Congreso, añade, al lado de Máximo, Pichetto “luce como De Gaulle. El senador se ha transformado por obra y gracia del destino (tiene las llaves del reino), de su particular olfato (piensa si hay o no plafón social para cada proyecto) y de su temperamento (fuerte pero razonable) en el hombre más poderoso del país después del ingeniero que intenta construir un puente”.

Mario Wainfeld

PAGINA 12

“El oficialismo ganó holgadamente la votación de la “ley Buitre” en Diputados, con el apoyo de aliados francos, opositores tibios y compañeros de ruta culposos, anche unos cuantos peronistas que revista(ro)n en el Frente para la Victoria (FpV)” dice Wainfeld en referencia a la última sesión en Diputados. “En el Senado los alineamientos se mantendrán aunque cambiando los números. El escenario más factible es que se apruebe la ley, aunque con margen menos rotundo”, dice. Sostiene que la prédica de los gobernadores ante las comisiones es un estímulo potente. “El mapa del Congreso y de los Diputados se corresponde bastante al de los realineamientos políticos posteriores a las sorprendentes y drásticas victorias del presidente Mauricio Macri y de la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal. Las preferencias ciudadanas impactan en el cuadro político y en el imaginario colectivo. O, más bien, reflejan tendencias que estaban en ciernes y fueron consolidadas en las urnas”.

Eduardo van der Kooy

CLARIN

Sobre el desmoronamiento del sistema económico ilegal que armó el kirchnerismo, trata la columna de Van der Kooy. Esa maniobra, dice, fue posible por la cobertura en organismos del Estado y entre ellos, la AFIP de Echegaray jugó un papel clave. Señala que Néstor Kirchner siempre teorizó “sobre la importancia de construir un poder económico para no resignar influencia política” cuando regresara al llano. “Tal teoría ha comenzado a desmembrarse prematuramente en la práctica”, sostiene. El diseño de esa estructura quedó en las manos de Cristina, tal vez menos duchas. “A 100 días de haber salido del Gobierno, el soporte económico del kirchnerismo ingresó en una crisis severa. Se han agrietado sus dos vigas maestras: la de Cristóbal López, forzado a dividir sus empresas ante apremios de todo tipo, y la de Lázaro Báez, envuelto en un bochorno que regresa como una marea”. Al desmoronamiento de las estructuras kirchnerista se suma una “ausencia de conducción política eficaz. La intransigencia y el distanciamiento de Cristina han terminado por aislar a los suyos”, concluye.

Fernando Laborda

LA NACION

“Si algo faltaba para desnudar la profunda crisis que vive el kirchnerismo, hundido en su propia marea de corrupción por el particular destape de los negociados asociados al capitalismo de amigos de la última década, era el inesperado mensaje que transmitió Máximo Kirchner en la sesión de la Cámara de Diputados, pocas horas antes de la contundente votación en favor del acuerdo con los holdouts”, dice Laborda. Agrega que Máximo dijo que hay que aprender a no enojarse, que no debiera molestar a nadie escuchar al otro, y que también dijo “no repitan nuestros errores”. Añade que “su discurso tan moderado fue, en primer lugar, un mecanismo de defensa que lo ayudó a salir ileso de un recinto donde los diputados del oficialismo lo aguardaban con los colmillos afilados, en momentos en que los escándalos de la familia Kirchner y de sus presuntos testaferros calentaban el rating de los medios masivos de comunicación”. Añade que “el discurso de Máximo pareció marcar un intento de cambio en la estrategia de una fuerza política que exhibe signos de aislamiento, y cuya líder atraviesa la peor enfermedad política desde su autoexilio en El Calafate: casi ninguno de los gobernadores peronistas reconoce hoy su liderazgo”.

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