Por
Eduardo Tucci
L os números marcan hasta donde llega la histeria que gobierna al fútbol y cada vez se torna más dificil esquivar la trituradora que devora directores técnicos. El actual campeonato no resultará la excepción de una tendencia que demuestra la poca paciencia y la inestabilidad que gobiernan los clubes de nuestro medio.
En poco más de un mes de competencia ocho profesionales debieron colgar el buzo a las apuradas al recibir el tradicional “no va más” de parte de los dirigentes. Una costumbre que no sabe de dimensiones y a la que no escapan clubes grandes ni chicos. La gran mayoría sigue eligiendo el camino más corto sin apostar a los proyectos a largo alcance ni apuntalar el trabajo propuesto.
Y las cifras resultan elocuentes al respecto En cinco años casi 200 DT, entre fijos e interinos, ocuparon al menos una vez el banco de suplentes en los 33 equipos que durante ese tiempo pasaron por la A y sólo un entrenador ha podido conservar su puesto desde 2011 a la fecha: Ricardo Zielinski, dueño de un récord en Belgrano de Córdoba que resulta tan extraño como infrecuente.
Nada tiene que ver frente a este fenómeno la extensión de las programaciones ya que el último torneo, el largo, el que prometía una mayor estabilidad porque el largo plazo brindaría un poco más de tolerancia, se consumió 71 directores técnicos. De los 32 clubes que pasaron por la primera división 23 optaron por cambiar al conductores de sus planteles.
Ahora, con menos de la mitad del campeonato disputado, nuevamente la palabra “despido” estuvo asociada a los DT. Las últimas víctimas resultaron Pedro Troglio, en Gimnasia, con gran escándalo incluido, y Mauro Camoranesi en Tigre pasando a engrosar el listado que ya integraban Lucas Bernardi (Newell´s), Carlos Mayor (Argentinos Juniors), Rodolfo Arruabarrena (Boca), Sergio Lippi (Sarmiento), Claudio Vivas (Banfield) y Diego Osella que dejó Olimpo para hacerse cargo de Newell´s.
En este repaso hay casos realmente sorprendentes como el de Rodolfo Arruabrrena que fue despedido poco tiempo después de haber llevado a Boca a ganar el campeonato de los 30 equipos y la Copa Argentina. Pero poco duró el crédito para el vasco ya que un arranque irregular de la temporada resultó decisivo para que en el banco de suplentes xeneize cambiara la cara del conductor.
Año tras año parece que la situación se torna más inestable para los adiestradores ya que los archivos muestran como en el 2013, jugadas 10 fechas, se habían ido cuatro entrenadores. En el Inicial 2013 también habían sido cuatro los cesanteados y, poco después, en el Clausura de esa misma temporada la cifra había ascendido a diez.
La marca actual, con ocho bajas en sólo siete fechas, dio por tierra con los antecedentes ya que el promedio de DT que se alejaban de los equipos de primera ha mostrado que siempre el número crece en la segunda parte de la temporada, por un proceso de desgaste. El actual cuadro de situación demuestra que la impaciencia cada vez se los devora más rápido.
Sin dudas una tarea de alto riesgo. Dirigentes, jugadores e hinchas ven en los DT a una suerte de comodín que con su ida soluciona problemas de todo tipo. “Es más fácil sacar a uno que echar a 30”, comentó alguna vez Enrique “Quique” Wolff para referirse a una profesión que, según la tendencia imperante en la Argentina, a pasado a ser absolutamente desechable.
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